child-of-the-grave
Poeta adicto al portal
A la mierda la lingüística
Quisiera entender
la semántica
de tus ojos,
el clamor políglota
de tus pupilas.
¿O será que
son alingües,
que están
libres de verbo?
Imploro
oírlas gemir
en millones de idiomas,
revolcarse por
abecedarios abstractos,
maldecir
trescientas cuarenta
y un mil
millones de vocales,
fumarse orgías
de letras híbridas
y aspirarse
acentos prepotentes.
Desearía entender
la poesía insinuada
en constante cambio,
abrasiva, versátil,
permanente
en la transparencia
de tus iris.
Malditos
mis ojos analfabetos,
mi cerebro ciego,
mi ombligo profundo,
mi tumba sellada,
mi ombligo sellado
en forma de tumba profunda,
mi tumba profunda
en forma de ombligo sellado.
Malditos
este par de ojos
que deberían
haber sido botas,
grampones o
tal vez ojotas.
Estos dos
viajeros perdidos,
mapas fotosensibles,
demasiado paisanos,
que se encandilan
con tu blanco; con
el transparente albor,
soporte de los versos
de tus venas.
Ojalá
mis manos de piedra
pudieran recorrer
el Braile de tu cuerpo.
Perderse
Esas piedras
deberían caer
en el abismo
de tu latitud,
hundirse
en el desierto
de tu piel.
¡Sacar chispas!
Rozar los tumores
de tus concepciones
y arrasar las tablas
de sus mandamientos;
roerlos, deformarlos,
decapitarlos, violarlos,
olvidarlos.
¿Cuándo las llevará
a rodar tu aliento,
a palpar tu secreto,
esquivando las comas,
sin frenar en los puntos,
masturbándote con
los signos de exclamación,
rascándote la sombra
con los entrometidos
signos de interrogación?
¡A la mierda
los signos de puntuación!
Que no me hagan
reducir la velocidad,
que no demoren más
el orgasmo de tus lágrimas
que recitan poemas
en lenguas que
no comprendo.
No quiero frenar
en las aduanas del verbo,
en los peajes del lenguaje,
en las barreras del idioma,
en las lomas de burro
del dialecto,
en los estacionamientos
del acento.
Quiero que
te mantengas callada
sin dejar de hablarme.
Quisiera entender
la semántica
de tus ojos,
el clamor políglota
de tus pupilas.
¿O será que
son alingües,
que están
libres de verbo?
Imploro
oírlas gemir
en millones de idiomas,
revolcarse por
abecedarios abstractos,
maldecir
trescientas cuarenta
y un mil
millones de vocales,
fumarse orgías
de letras híbridas
y aspirarse
acentos prepotentes.
Desearía entender
la poesía insinuada
en constante cambio,
abrasiva, versátil,
permanente
en la transparencia
de tus iris.
Malditos
mis ojos analfabetos,
mi cerebro ciego,
mi ombligo profundo,
mi tumba sellada,
mi ombligo sellado
en forma de tumba profunda,
mi tumba profunda
en forma de ombligo sellado.
Malditos
este par de ojos
que deberían
haber sido botas,
grampones o
tal vez ojotas.
Estos dos
viajeros perdidos,
mapas fotosensibles,
demasiado paisanos,
que se encandilan
con tu blanco; con
el transparente albor,
soporte de los versos
de tus venas.
Ojalá
mis manos de piedra
pudieran recorrer
el Braile de tu cuerpo.
Perderse
Esas piedras
deberían caer
en el abismo
de tu latitud,
hundirse
en el desierto
de tu piel.
¡Sacar chispas!
Rozar los tumores
de tus concepciones
y arrasar las tablas
de sus mandamientos;
roerlos, deformarlos,
decapitarlos, violarlos,
olvidarlos.
¿Cuándo las llevará
a rodar tu aliento,
a palpar tu secreto,
esquivando las comas,
sin frenar en los puntos,
masturbándote con
los signos de exclamación,
rascándote la sombra
con los entrometidos
signos de interrogación?
¡A la mierda
los signos de puntuación!
Que no me hagan
reducir la velocidad,
que no demoren más
el orgasmo de tus lágrimas
que recitan poemas
en lenguas que
no comprendo.
No quiero frenar
en las aduanas del verbo,
en los peajes del lenguaje,
en las barreras del idioma,
en las lomas de burro
del dialecto,
en los estacionamientos
del acento.
Quiero que
te mantengas callada
sin dejar de hablarme.
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