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A las nanas de la cebolla (Nueva versión)

pepesori

Poeta que considera el portal su segunda casa
Equipo Revista "Eco y latido"

Es tu huerta Miguel que en mi alma evoca
esa dulzura amarga del olvido
la pena de un marido conmovido
y el ansia y la escasez que se desboca

El silbo en tu palabra es miel de roca
,-dulzura y soledad de árbol caído,-
donde arañas del hambre hicieron nido
con la seda punzante de la boca.

Y esa cebolla tierna que ilumina
,-media luna del pecho en Josefina,-
como un rayo incesante que se inflama.

Y en el barbecho oblicuo de tu frente
la semilla de amor contigo enfrente
y un cielo rojo en su encendida llama.

José Soriano Simón
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Última edición:
Muy ocurrente y muy elocuente.

Saludos

Gracias Alde te aclaro por si acaso no conoces la historia de ese poema:
el poeta Miguel Hernández, uno de los mejores que dio la generación del 27 en España, fue separado de su esposa Josefina por el ejército dictador de Franco y encarcelado en la cárcel municipal de Alicante donde falleció, y uno de sus poemas mas conocidos a nivel mundial son esas nanas de la cebolla a las que dedico mi soneto, el escribió esas nanas a raíz de que Josefina, su esposa en las cartas que le escribía le comentaba que no podían comer nada más que pan y cebolla de la pobreza que pasaban... su hijo se alimentaba con las "lunas de su pecho" y falleció mientras el poeta enfermó en la cárcel. Añadirte que es mi poeta de cabecera, y uno de los mejores que dio la patria tierra, nunca sabremos hasta donde pudo llegar si no hubiese fallecido tan joven, al igual que Federico aunque este se burlaba de Miguel por su manera de vestir y modales ya que Miguel provenía de una familia de pastores y Lorca era un señorito de familia acomodada
Saludos
Te paso el poemacompleto



NANAS DE LA CEBOLLA

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

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Miguel Hernández, 1939

Por cierto es mi poeta de cabecera
 

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