Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
Van treinta y nueve versos en el aire,
saetas a la pátina del tiempo
que fecunda a las Cíes y las guarda,
cual micro mundo natural de vida.
Una carta de amor escrita al ritmo
de la latente claridad de un faro.
San Martin, Monteagudo y la Del Faro,
tridente mágico que exuda al aire
olor a entorno virginal, y un ritmo
que detenido se quedó en el tiempo.
De la conservación de toda vida
es manifiesto ángel de la guarda.
El archipiélago de Cíes guarda
historias de piratas y de faro,
cantigas de naufragios, y la vida
de bandas de gaviotas en el aire,
de acantilados desafiando al tiempo
y un oleaje de insolente ritmo.
La bella isla del Sur es sorda al ritmo
del invasor catamarán, y guarda
secretos para sí de antiguo tiempo,
no envidia a su vecina por el faro,
que musita leyendas en el aire,
de muérdago sagrado y larga vida.
La del Norte comulga con la vida
nudista de Figueiras, con el ritmo
del Mirador de Aves que en el aire
estalla en variedad . Discreta, guarda
el secreto de ruinas celtas, faro
que agonizó sobre el jergón del tiempo.
Reuniendo todo esto al mismo tiempo,
la ínsula del Medio cobra vida
en la espectacular Ruta del Faro.
Enamorarlo, es desnudar el ritmo
en las olas turquesas, de la guarda
de playas de alba arena y limpio aire.
El faro célebre de Cíes guarda
fiel, el ritmo melódico del tiempo,
lanzando al aire un resplandor de vida.
Desde que en 2007, The Guardian declarara una de sus playas –la de Rodas concretamente– la más bonita del mundo, la locura por las Cíes se disparó. Estas tres islas son las niñas bonitas del Parque Nacional de las Islas Atlánticas (al que también pertenecen Ons, Sálvora y Cortegada), tanto es así que los políticos gallegos llevan un par de años postulándolas para que sean declaradas Patrimonio Natural de la Humanidad. Al final, tanta fama se les fue de las manos y las islas llegaron a superar las 5.000 visitas diarias.
Sin embargo y pese a todo, la belleza caribeña de Cíes sigue intacta y ajena a tanta fama y publicidad. Continúan espectaculares con sus playas salvajes de arena blanca y fina como el azúcar; sus bosques alimentando la sombra de los caminos; sus faros altivos y protectores, al mismo tiempo; o los colores azul turquesa de sus aguas cristalinas.
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