Armand
Poeta asiduo al portal
A los treinta y ocho la vida me arde
en las yemas de los dedos.
Todavía no me venden
espejitos de colores.
De golpe ya no me fijo en los dolores
aunque elijo mejor mis peleas
quizás no pueda ganarlas todas
pero siempre se ponen buenas.
A los treinta y ocho me suenan a poco
los ratos libres que te da la vida
esos breves segundos de descanso
antes del próximo round.
Sin tener más opción que avanzar o caer
siempre doy el paso adelante
y al caminar siento arder el mundo
bajo los pies.
A los treinta y ocho poca cosa me apetece
y realmente me apetece decirlo:
Hace rato estoy jugado.
ya no me importa nada.
La vida tan solo avanza
y no hay otra dirección.
en las yemas de los dedos.
Todavía no me venden
espejitos de colores.
De golpe ya no me fijo en los dolores
aunque elijo mejor mis peleas
quizás no pueda ganarlas todas
pero siempre se ponen buenas.
A los treinta y ocho me suenan a poco
los ratos libres que te da la vida
esos breves segundos de descanso
antes del próximo round.
Sin tener más opción que avanzar o caer
siempre doy el paso adelante
y al caminar siento arder el mundo
bajo los pies.
A los treinta y ocho poca cosa me apetece
y realmente me apetece decirlo:
Hace rato estoy jugado.
ya no me importa nada.
La vida tan solo avanza
y no hay otra dirección.