musador
esperando...
En este mundo cruel y tan incierto
donde somos las sombras de los nombres
una noticia llega: que estás muerto.
No te sonrías, Luis, ni te asombres,
porque es bueno saber que al fin y al cabo
tras nuestros nicks se esconden meros hombres.
Seguramente fuiste bagual bravo
no dejando estribar a tu agonía:
ni muerto te imagino siendo esclavo.
Yo aquí te escribo, en este triste día,
y se alza entre nosotros la barrera
que ninguna palabra desafía.
Nada sé de tu vida, cómo era,
apenas ciertas vacas, los nogales,
los libros que llevabas de bandera.
Pasión por los misterios abismales
plasmados en los tétricos relatos
del creador de los cuentos policiales.
Apetito insaciable en que tus platos
siempre fueron de lenguas y extrañezas
pescadas en las redes con tus ratos.
Juguetón con tus raras sutilezas,
poniendo identidad en el estilo,
escondiendo tu estilo en tus destrezas.
Así hilvanaste con el mismo hilo
la figura de andante caballero
y el lunfardo perfume del etilo.
Y Cambalache fue tu abrevadero,
profesor Jirafales y Quijote,
El Santo junto a Hamlet y el barquero.
Si de Caronte te pusiera el mote
la palabra sería la moneda
para pagar pasajes en tu bote.
Entre tanta otra cosa de ti queda
una increíble colección de formas
donde el árbol se oculta en la arboleda.
Tarde será para ponerte cormas
pero aun cuando imagino tu respingo
dejaré el panegírico y sus normas.
Sabemos que no eras un tilingo
y con una de cal y una de arena
se notará mejor lo que distingo.
En cosas del saber el que se frena
dudando ante la frase taxativa
busca hallar el metal entre la mena.
Es muy difícil calibrar la criba,
lo sé y no insisto más en este asunto,
fue tan solo un aroma de diatriba.
Abandona ese rostro cejijunto
y regálame ya con tu sonrisa,
más propia del sentir del que es difunto.
A tu poesía llego, tengo prisa
por hablar de los goces en tu verso
navegando el efluvio de tu brisa.
En tu lenguaje tiernamente terso,
como piel de una venus juvenil,
yo quiero nuevamente ser inmerso.
Locura por el juego, tan sutil,
que Eros con el nombre y con el verbo
juega usando su flecha de buril.
Las formas más variadas de tu acervo
pulidas por tu espíritu entusiasta
de nuestra tradición osado siervo.
Tu osadía de audaz iconoclasta
que quería apurar las verdes brevas
sin perdonar ninguna en la canasta.
Las audacias tan sabias en las pruebas
con riesgos asumidos con contento,
siempre buscando buenas cosas nuevas.
Pudor en la expresión del sentimiento
luciendo la fantástica ironía
que nublaba tus tonos de lamento.
Crueles las redes cuando llega el día
de despedir a quien no conocí,
discúlpame, quizás en mi porfía
ninguna cosa dije que debí.
Nota. Me he enterado ayer de la muerte, ya hace más de un año, de Luis Estoico, animador de este foro bajo los nicks de «maese Plumilla»,«Ises» y «Batemusa y Cachafaz» (ignoro si tuvo algún nick más). Sirvan estos versos para recordarlo.
donde somos las sombras de los nombres
una noticia llega: que estás muerto.
No te sonrías, Luis, ni te asombres,
porque es bueno saber que al fin y al cabo
tras nuestros nicks se esconden meros hombres.
Seguramente fuiste bagual bravo
no dejando estribar a tu agonía:
ni muerto te imagino siendo esclavo.
Yo aquí te escribo, en este triste día,
y se alza entre nosotros la barrera
que ninguna palabra desafía.
Nada sé de tu vida, cómo era,
apenas ciertas vacas, los nogales,
los libros que llevabas de bandera.
Pasión por los misterios abismales
plasmados en los tétricos relatos
del creador de los cuentos policiales.
Apetito insaciable en que tus platos
siempre fueron de lenguas y extrañezas
pescadas en las redes con tus ratos.
Juguetón con tus raras sutilezas,
poniendo identidad en el estilo,
escondiendo tu estilo en tus destrezas.
Así hilvanaste con el mismo hilo
la figura de andante caballero
y el lunfardo perfume del etilo.
Y Cambalache fue tu abrevadero,
profesor Jirafales y Quijote,
El Santo junto a Hamlet y el barquero.
Si de Caronte te pusiera el mote
la palabra sería la moneda
para pagar pasajes en tu bote.
Entre tanta otra cosa de ti queda
una increíble colección de formas
donde el árbol se oculta en la arboleda.
Tarde será para ponerte cormas
pero aun cuando imagino tu respingo
dejaré el panegírico y sus normas.
Sabemos que no eras un tilingo
y con una de cal y una de arena
se notará mejor lo que distingo.
En cosas del saber el que se frena
dudando ante la frase taxativa
busca hallar el metal entre la mena.
Es muy difícil calibrar la criba,
lo sé y no insisto más en este asunto,
fue tan solo un aroma de diatriba.
Abandona ese rostro cejijunto
y regálame ya con tu sonrisa,
más propia del sentir del que es difunto.
A tu poesía llego, tengo prisa
por hablar de los goces en tu verso
navegando el efluvio de tu brisa.
En tu lenguaje tiernamente terso,
como piel de una venus juvenil,
yo quiero nuevamente ser inmerso.
Locura por el juego, tan sutil,
que Eros con el nombre y con el verbo
juega usando su flecha de buril.
Las formas más variadas de tu acervo
pulidas por tu espíritu entusiasta
de nuestra tradición osado siervo.
Tu osadía de audaz iconoclasta
que quería apurar las verdes brevas
sin perdonar ninguna en la canasta.
Las audacias tan sabias en las pruebas
con riesgos asumidos con contento,
siempre buscando buenas cosas nuevas.
Pudor en la expresión del sentimiento
luciendo la fantástica ironía
que nublaba tus tonos de lamento.
Crueles las redes cuando llega el día
de despedir a quien no conocí,
discúlpame, quizás en mi porfía
ninguna cosa dije que debí.
Nota. Me he enterado ayer de la muerte, ya hace más de un año, de Luis Estoico, animador de este foro bajo los nicks de «maese Plumilla»,«Ises» y «Batemusa y Cachafaz» (ignoro si tuvo algún nick más). Sirvan estos versos para recordarlo.
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