Creo sentir cosas de las que no tengo idea, quizas sean penas, tristezas, alegrías o amor. Lo que sé es que me he aferrado a la memoria de no olvidar los lazos de amistad verdaderos que se dan entre dos seres humanos, entre dos amigos que crecieron sin teléfonos celulares, ni computadoras, pero con la educación y el bello titulo del ser respetuosos, buenas personas y responsables.
Mi amigo Enrique R.R nació en Rio Bravo, Tamaulipas, una pequeña ciudad adjunta a la mía
y muy ligadas la una de la otra por razones de tener una joven fuente de fuerza laboral.
Al escribir esta historia me siento joven, me gusta sentirme así, y no es ninguna intuición, pero estas palabras, que son como un pequeño guión, me sacan a vivir, nuevamente, a aquellos días de mi juventud con mi gran amigo y hermano from another mother.
Corría el año 1985 cuando empezó nuestra amistad, un simple y normal saludo, intercambios de nombres, una mirada sincera y un hablar sereno en un primer día de trabajo en una maquiladora de Reynosa. Johnson Controls, hasta esta fabrica, desde Rio Bravo, como a treinta kilómetros de mi cuidad, se trasladaba en transporte publico cada día a laborar mi hermano que no conocí, si no hasta veinte años despues.
Por aquellos tiempos, como hoy, se daba la costumbre de ponerse apodos. A mi me llamaban “cobra” por la película de Silvester Stallone y porque desde que ví el filme se me dio por ponerme un cerillo en la boca y gafas oscuras. Yo tenía entonces veinte años.
A Enrique lo llamamos, hasta hoy “el ingeniero” ya que siempre trataba de civilizar o encontrarle solución a cualesquiera problemas, personales o laborales. Como ayer, hoy todabia tiene una modestia, una comunicación e ideas que hacen uno sienta una fuerte conexión con la tranquilidad. Lo que sé de él es personal, pero le hago saber mi admiración por su gran optimismo de llevar puesta siempre una sonrisa a pesar de las impensables batallas que ha vivido.
Ambos trabajábamos en un almacén inmenso, con estantes amarillos, de gran altura e infinitos corredores por donde viajábamos en rápidos montacargas. Tambien fue un almacén de muchas alegrías, de abrazos y afectos al regreso de las vacaciones, fue nuestro otro hogar de tantas anécdotas de las que hoy platicamos, desde Tennessee a Oregon, con cerveza en mano, y extrañamente, a través de messanger.
Sobre este sofá te escribo esta carta mi hermano y al hacerlo pienso en aquellos tiempos, en las visitas a tu hogar, en las ricas comidas que cocinó, y que con un grande amor compartió, con entonces este joven poeta, tu hermosa madre, un ser inolvidable que me trató tal como si yo fuese tú y que, con toda seguridad está bajo la luz del infinito creador.
Al leer mis propias palabras me siento preocupado que por mi mala ortografía o que por mi falta de organización no me entiendas, que te pierdas en algún párrafo. Pero debes saber que en algunos de estos se me hizo difícil seguir y tuve que salir a tomar el fresco aire del Oregon que conocemos sintiendo el interno calor de nuestras ciudades al estar escribiendo, e igual lo hice por este bella maravilla que es una simple palabra que puede volverse en una autopista de estas y por donde puedes viajar a una infinidad de recuerdos.....that’s why I am taking this exit, “ going to sleep” here in my Oregon cool y fresco, verde and wet...I wanted some serenity, so I would like to finish this writing with these words….I love you brother.!
Fidel Guerra Cuevas,
Oregon, Nov, 14, 2019.
Mi amigo Enrique R.R nació en Rio Bravo, Tamaulipas, una pequeña ciudad adjunta a la mía
y muy ligadas la una de la otra por razones de tener una joven fuente de fuerza laboral.
Al escribir esta historia me siento joven, me gusta sentirme así, y no es ninguna intuición, pero estas palabras, que son como un pequeño guión, me sacan a vivir, nuevamente, a aquellos días de mi juventud con mi gran amigo y hermano from another mother.
Corría el año 1985 cuando empezó nuestra amistad, un simple y normal saludo, intercambios de nombres, una mirada sincera y un hablar sereno en un primer día de trabajo en una maquiladora de Reynosa. Johnson Controls, hasta esta fabrica, desde Rio Bravo, como a treinta kilómetros de mi cuidad, se trasladaba en transporte publico cada día a laborar mi hermano que no conocí, si no hasta veinte años despues.
Por aquellos tiempos, como hoy, se daba la costumbre de ponerse apodos. A mi me llamaban “cobra” por la película de Silvester Stallone y porque desde que ví el filme se me dio por ponerme un cerillo en la boca y gafas oscuras. Yo tenía entonces veinte años.
A Enrique lo llamamos, hasta hoy “el ingeniero” ya que siempre trataba de civilizar o encontrarle solución a cualesquiera problemas, personales o laborales. Como ayer, hoy todabia tiene una modestia, una comunicación e ideas que hacen uno sienta una fuerte conexión con la tranquilidad. Lo que sé de él es personal, pero le hago saber mi admiración por su gran optimismo de llevar puesta siempre una sonrisa a pesar de las impensables batallas que ha vivido.
Ambos trabajábamos en un almacén inmenso, con estantes amarillos, de gran altura e infinitos corredores por donde viajábamos en rápidos montacargas. Tambien fue un almacén de muchas alegrías, de abrazos y afectos al regreso de las vacaciones, fue nuestro otro hogar de tantas anécdotas de las que hoy platicamos, desde Tennessee a Oregon, con cerveza en mano, y extrañamente, a través de messanger.
Sobre este sofá te escribo esta carta mi hermano y al hacerlo pienso en aquellos tiempos, en las visitas a tu hogar, en las ricas comidas que cocinó, y que con un grande amor compartió, con entonces este joven poeta, tu hermosa madre, un ser inolvidable que me trató tal como si yo fuese tú y que, con toda seguridad está bajo la luz del infinito creador.
Al leer mis propias palabras me siento preocupado que por mi mala ortografía o que por mi falta de organización no me entiendas, que te pierdas en algún párrafo. Pero debes saber que en algunos de estos se me hizo difícil seguir y tuve que salir a tomar el fresco aire del Oregon que conocemos sintiendo el interno calor de nuestras ciudades al estar escribiendo, e igual lo hice por este bella maravilla que es una simple palabra que puede volverse en una autopista de estas y por donde puedes viajar a una infinidad de recuerdos.....that’s why I am taking this exit, “ going to sleep” here in my Oregon cool y fresco, verde and wet...I wanted some serenity, so I would like to finish this writing with these words….I love you brother.!
Fidel Guerra Cuevas,
Oregon, Nov, 14, 2019.