El mundo me diste cual gran caballero,
pues tú poseías nobleza en tu ser,
y fuiste en mi vida aquél que primero,
quien junto a mi madre me viera al nacer.
Alegre cantabas con una sonrisa,
llegaba ante ti llorando a tu mundo,
y dulce emoción surgió muy aprisa,
sentir de ser padre enorme y profundo.
¡Ahora soy padre! Alegre decías,
¡Mi nueva familia! Del todo contento,
y tierno amoroso feliz me veías,
tu mano temblaba sintiendo mi aliento.
Y desde ese día estuve ya asido,
al fuerte cariño tan limpio y sincero,
que lloro sin él y yo hoy he venido,
a darte una lágrima diciendo que espero:
Consejo que guíe y lleve mi vida,
¡Ay padre! Me faltan tus buenos consejos,
los pocos que quedan están donde anida,
el santo recuerdo de todos mis viejos.
Recuerdo que siempre, al alba sin sueño
por tantas que fueron mis locas parrandas,
bien tú preguntabas frunciéndome el ceño
¿Porqué llegas tarde?¡Oye hijo!... ¿Dónde andas?
Que bueno tu gesto mi padre querido,
que puso en mi ser vital gran ejemplo,
pensando que a mi alma estabas unido,
orabas por mí lloroso en el templo.
Yo fui muy renuente y siempre contigo,
Hacía a un lado tus sabios consejos,
perderlos ha sido ingrato castigo,
ahora ya cuando estás tú muy lejos.
Un padre tan grande amante de su hijo,
que siempre tuviste de mí buen cuidado,
mi buen enseñar lo hiciste un prefijo,
querías tú verme muy bien educado.
Hoy gracias te doy por esto que has hecho,
a mí en la vida tu vida me diste,
y nunca saldrá aquí de mi pecho
la llama de amor que tú me encendiste.
Felipe de Jesus Legorreta Levy.
Copyright INDAUTOR México.
pues tú poseías nobleza en tu ser,
y fuiste en mi vida aquél que primero,
quien junto a mi madre me viera al nacer.
Alegre cantabas con una sonrisa,
llegaba ante ti llorando a tu mundo,
y dulce emoción surgió muy aprisa,
sentir de ser padre enorme y profundo.
¡Ahora soy padre! Alegre decías,
¡Mi nueva familia! Del todo contento,
y tierno amoroso feliz me veías,
tu mano temblaba sintiendo mi aliento.
Y desde ese día estuve ya asido,
al fuerte cariño tan limpio y sincero,
que lloro sin él y yo hoy he venido,
a darte una lágrima diciendo que espero:
Consejo que guíe y lleve mi vida,
¡Ay padre! Me faltan tus buenos consejos,
los pocos que quedan están donde anida,
el santo recuerdo de todos mis viejos.
Recuerdo que siempre, al alba sin sueño
por tantas que fueron mis locas parrandas,
bien tú preguntabas frunciéndome el ceño
¿Porqué llegas tarde?¡Oye hijo!... ¿Dónde andas?
Que bueno tu gesto mi padre querido,
que puso en mi ser vital gran ejemplo,
pensando que a mi alma estabas unido,
orabas por mí lloroso en el templo.
Yo fui muy renuente y siempre contigo,
Hacía a un lado tus sabios consejos,
perderlos ha sido ingrato castigo,
ahora ya cuando estás tú muy lejos.
Un padre tan grande amante de su hijo,
que siempre tuviste de mí buen cuidado,
mi buen enseñar lo hiciste un prefijo,
querías tú verme muy bien educado.
Hoy gracias te doy por esto que has hecho,
a mí en la vida tu vida me diste,
y nunca saldrá aquí de mi pecho
la llama de amor que tú me encendiste.
Felipe de Jesus Legorreta Levy.
Copyright INDAUTOR México.
Última edición: