Que adusto queda el surco del barbecho
si rutila el rocío al mediodía.
Se derrama, en el frunce le la estría,
descarnando la tierra bien derecho.
Mi corazón, se esconde a cada trecho,
del légamo cubierto, yo diría.
La pena de una muerte tan sombría
que sangra tres heridas en su pecho.
Tan negro, como el luto insatisfecho,
el toro que embistió su lozanía,
dejando escarcha roja sobre el lecho.
Cuanto dolor de lunas y despecho
-bajo un cielo de ausencia cada día-
llora un surco de sangre sin provecho.
El viejo dictador murió deshecho,
con sus miedos, miserias y agonía.
La nana, canta a un cielo satisfecho.
PepeSori
SafeCreative
2018
si rutila el rocío al mediodía.
Se derrama, en el frunce le la estría,
descarnando la tierra bien derecho.
Mi corazón, se esconde a cada trecho,
del légamo cubierto, yo diría.
La pena de una muerte tan sombría
que sangra tres heridas en su pecho.
Tan negro, como el luto insatisfecho,
el toro que embistió su lozanía,
dejando escarcha roja sobre el lecho.
Cuanto dolor de lunas y despecho
-bajo un cielo de ausencia cada día-
llora un surco de sangre sin provecho.
El viejo dictador murió deshecho,
con sus miedos, miserias y agonía.
La nana, canta a un cielo satisfecho.
PepeSori
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