A nuestros mayores
¡Cómo pasa el tiempo
en las hojas del calendario!
atrás quedaron años
de lucha con la vida,
del trabajo diario.
Una mañana,
marchó la juventud
como marcha el osezno de su madre
para adentrarse en la montaña y
no regresar.
Corre ligera brisa,
la misma que antaño te abrazaba
faenando en altamar,
en la ladera de la montaña
cuidando de tu rebaño,
en los campos donde tu espalda
doblegabas sin descansar,
hoy tizna tu pelo en plata.
Habéis cumplido con el mandato de la vida,
¡trabajar, trabajar, trabajar!
hora es pues del merecido descanso y
empezar a disfrutar
aquello que se hacía de rogar.
Ahora es tiempo
de escuchar vuestras vivencias,
vuestras anécdotas sin fin
y sabios consejos.
Tiempo de miraros a los ojos
llenos de ternura,
en otra época, de sólida mirada,
ojos llenos de historia
que ahora hablan con el alma
y de a poco languidecen como la estatura.
Vuestras mejillas,
marchitadas con las arrugas,
vuestras manos,
esas manos antes firmes ahora trémulas,
vuestras piernas que anduvieron sin ayuda
por caminos de piedras, arenas y lodo,
y se bañaron en frondosos pastos,
ahora luchan con el suelo por no caer,
es tiempo de rodearos, de cuidaros.
¡Cómo puede haber seres que
os dejen en un rincón de la casa,
viviendo del recuerdo, la nostalgia,
en donde las lágrimas no se oyen y
la pena, las pupilas opacan,
donde tus oídos apenas perciben palabras de cariño,
de igual necesidad que a un niño,
con la única compañía que la soledad,
sin pensar que ellos también llegaran a mayores y
lo mismo les pueden pasar!
Llegar a viejo,
no es sinónimo de rendirse,
aunque el silencio te hable y
el desamparo te arrulle.
No es ir a un parque y
permanecer en un banco solitario
dando de comer migas de pan a
palomas y gorriones como desagravio.
Llegar a mayor,
es empezar a disfrutar más que de la vida,
de los hijos y sobre todo los nietos.
Llevarles a los parques,
al cine y a estanques,
disfrutar de la dulzura de su sonrisa,
de su cariño y tierna mirada,
de su mano cuando paseas y
sus pequeñas anécdotas diarias,
de su angelical voz emanando palabras de amor
hacia ti.
¡Tú, anciano,
que brindas tu cariño a cambio de nada,
tu labor aun no ha terminado!
ahora toca tus sabios consejos o regaños con tu genio,
a los hijos y nietos
más en el fondo de sus almas,
ellos verán,
el amor que les guardas.
Luis Prieto Espinosa
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