Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
A QUIÉN PEDIR.
No suelo recitarme los rosarios
cuando sufro de ajenas amarguras;
me formo, me deformo las molduras
y me encajo en mis propios relicarios.
No obstante con la sed me desletargo,
si acucia el hambre como cuatro cosas,
cuando puedo me invito y entre rosas
olvido las espinas de lo amargo.
Soy creyente si hablamos de personas,
agnóstico de mí cuando me enfado,
invierto siempre en lo que tengo al lado
que más allá no llegan mis neuronas.
Mas pido un universo en igualdades,
que el hambre, que la sed mueran de olvido,
que no se pierda el natural sentido
que existe para todas las edades.
El fallo es que no acierto a quién pedir:
al estado, a la iglesia o a mí mismo.
Me asusta lo profundo del abismo,
el espejo y las varas de medir.
No suelo recitarme los rosarios
cuando sufro de ajenas amarguras;
me formo, me deformo las molduras
y me encajo en mis propios relicarios.
No obstante con la sed me desletargo,
si acucia el hambre como cuatro cosas,
cuando puedo me invito y entre rosas
olvido las espinas de lo amargo.
Soy creyente si hablamos de personas,
agnóstico de mí cuando me enfado,
invierto siempre en lo que tengo al lado
que más allá no llegan mis neuronas.
Mas pido un universo en igualdades,
que el hambre, que la sed mueran de olvido,
que no se pierda el natural sentido
que existe para todas las edades.
El fallo es que no acierto a quién pedir:
al estado, a la iglesia o a mí mismo.
Me asusta lo profundo del abismo,
el espejo y las varas de medir.