Leyendo la poesía que nos ofreces
mi corazón, cansado, dio un respingo,
que así; al no ser docto, yo distingo
lo que es una poesía de otras sandeces.
Y la tuya lo fue. Por tal, mereces;
según mi corazón, quién no me engaña,
de Dafne aquel laurel que en la montaña
Apolo le cortó, para sus preces.
Pues, soberbio es el ritmo con que creces,
y la Musa te arrulla en su regazo,
que, de seguir, amigo en este paso
te digo sin envidia ni dobleces,
que además de Templario te mereces
un lugar en la cumbre del Parnaso.
Recaredo.
mi corazón, cansado, dio un respingo,
que así; al no ser docto, yo distingo
lo que es una poesía de otras sandeces.
Y la tuya lo fue. Por tal, mereces;
según mi corazón, quién no me engaña,
de Dafne aquel laurel que en la montaña
Apolo le cortó, para sus preces.
Pues, soberbio es el ritmo con que creces,
y la Musa te arrulla en su regazo,
que, de seguir, amigo en este paso
te digo sin envidia ni dobleces,
que además de Templario te mereces
un lugar en la cumbre del Parnaso.
Recaredo.
::, un abrazo