lomafresquita
Poeta que no puede vivir sin el portal
Colgaban dos nidos azules
de tu dulce entrecejo,
yo te miraba absorta
reflejada en tus espejos.
Y un cielo de media tarde
nos contemplaba en silencio,
las horas se doblegaban
a tu rostro sereno...
Hoy escucho los trinos
de avecillas de aquel tiempo,
de un gorrión escondido
en tu corazón tierno.
Y la noche llegaba
a tus manos de luciérnaga,
refugiada en ellas...
sentía la madrugada.
Te recuerdo padre,
y te llevo dentro del alma.