Muy acertada esta reflexión expresada en forma poética, querida libélula. Creo que por más picaflor que sea el hombre, en el fondo de su alma siempre anhela el arraigo. Alguna vez llega la mujer indicada y cuando aparece extiende una dulce atadura de la que es imposible liberarse.
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Qué alegría encontrarme con tu comentario, siempre tan acertado. Estoy de acuerdo contigo querida Huella en que, por muchas vueltas que dé el hombre siempre busca el arraigo, eso si, algunos en distintos nidos.
Gracias por estar aquí, un fuerte abrazo.