Azulzurita
Volar soñando..Crear amando
Me abandonas en esta soledad arrolladora,
En esta fría calma, que muerde y araña.
Me abandonas y ya nada ni a nadie importa.
Me abandonas cuando mi indefensa impronta, te da razones para abandonarme.
No hallo Consuelo, y no encuentro quien me salve de este cruel abandono, abandonarme, abandonarse.
Me abandonas en la triste oscuridad de mis noches, dejándome en soledad, con mis sentimientos de muerte, con mis arrugados y secos párpados que no quieren cerrarse.
Me abandonas y no te importa que las heridas de mi deteriorado cuerpo hagan agujeros en mis pensamientos.
Me abandonas y no puedo pedirte que no lo hagas o no puedo gritarte que no lo hagas.
Y es que triste he enmudecido y aceptado esta cruel derrota de ya no valerme por mi mismo, tratando de asimilar este cruel abandono.
Entonces silenciosamente me despido, me hago el sordo y te perdono o perdono a todos o no perdono a nadie y me desangro de dolor de cuerpo, de espíritu.
Y pido con desesperación que mi alma se lleve, aquél que si entiende y es dueño de mi corazón, que si me duermo por favor, ya no me despierten, para tener que continuar en este interminable despojo de piedad o destierro de amor, como llamarlo sino.
Compadécete de la cruel locura de querer traerme nuevamente a un mundo que no entiende absolutamente nada sobre la vida y la muerte.
Porque en el instante en que parta te digo Dios, que sé que por ti y por mi fe, no me sentiré nunca más abandonado.
Autora: Montejano Barbara.
En esta fría calma, que muerde y araña.
Me abandonas y ya nada ni a nadie importa.
Me abandonas cuando mi indefensa impronta, te da razones para abandonarme.
No hallo Consuelo, y no encuentro quien me salve de este cruel abandono, abandonarme, abandonarse.
Me abandonas en la triste oscuridad de mis noches, dejándome en soledad, con mis sentimientos de muerte, con mis arrugados y secos párpados que no quieren cerrarse.
Me abandonas y no te importa que las heridas de mi deteriorado cuerpo hagan agujeros en mis pensamientos.
Me abandonas y no puedo pedirte que no lo hagas o no puedo gritarte que no lo hagas.
Y es que triste he enmudecido y aceptado esta cruel derrota de ya no valerme por mi mismo, tratando de asimilar este cruel abandono.
Entonces silenciosamente me despido, me hago el sordo y te perdono o perdono a todos o no perdono a nadie y me desangro de dolor de cuerpo, de espíritu.
Y pido con desesperación que mi alma se lleve, aquél que si entiende y es dueño de mi corazón, que si me duermo por favor, ya no me despierten, para tener que continuar en este interminable despojo de piedad o destierro de amor, como llamarlo sino.
Compadécete de la cruel locura de querer traerme nuevamente a un mundo que no entiende absolutamente nada sobre la vida y la muerte.
Porque en el instante en que parta te digo Dios, que sé que por ti y por mi fe, no me sentiré nunca más abandonado.
Autora: Montejano Barbara.
Última edición: