Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
No sé si fue el ajenjo, verde hada, quien te encendía
las lámparas del salón donde cada tarde esperabas
ver cisnes de ónice rielar el estanque de la alfombra
entre nenúfares fantasmales que nombraban el ocaso.
No sé si el encandilamiento de mirar de frente al sol
en una cuchara te hizo entender que toda emoción
debe encaminarse a su prístino mineral de origen
para que no sucumba con la sangre que la anima.
La rosa sin estación, abandonada a su pura geometría,
crece hacia dentro, fluye ignota, ramifica y se traspasa
hasta florecer al lado de cualquier estrella, su igual.
Y desde siempre rosa es beso, es mirada. Es volar.
Por eso, Carlos, ahora que el signo se ha abierto
y reconoces por nuevas alas el batir de ojos contra la luz,
tuya es la claridad de ser con todo lo que está a punto
de nacer. Y estás naciendo a lo que es perpetuidad.
las lámparas del salón donde cada tarde esperabas
ver cisnes de ónice rielar el estanque de la alfombra
entre nenúfares fantasmales que nombraban el ocaso.
No sé si el encandilamiento de mirar de frente al sol
en una cuchara te hizo entender que toda emoción
debe encaminarse a su prístino mineral de origen
para que no sucumba con la sangre que la anima.
La rosa sin estación, abandonada a su pura geometría,
crece hacia dentro, fluye ignota, ramifica y se traspasa
hasta florecer al lado de cualquier estrella, su igual.
Y desde siempre rosa es beso, es mirada. Es volar.
Por eso, Carlos, ahora que el signo se ha abierto
y reconoces por nuevas alas el batir de ojos contra la luz,
tuya es la claridad de ser con todo lo que está a punto
de nacer. Y estás naciendo a lo que es perpetuidad.
04 de octubre de 2023