sadcuore
Poeta recién llegado
Musitaba canciones tristes,
al borde de un acantilado,
nadie veía las cicatrices,
que de él estaban tirando.
Acariciaba el pasto bajo sus dedos,
sentía el aire en su pelo blanco,
los surcos de su piel marcaban el camino,
de dos lágrimas que se iban precipitando.
Un gesto desolador y perenne,
las olas rompían y dejaban eco,
sus piernas se balanceaban al verme,
y mi alma quiso atarse a su cuerpo.
Abuelo, no te vayas abuelo,
no me sueltes de tus manos,
aún es pronto no dejes que olvide,
el calor del ultimo abrazo.
Abuelo, no me dejes abuelo,
que tu guerrera aún te necesita,
no sé cómo vencer sola este miedo,
que amenaza con robarme tu sonrisa.
Abuelo, déjame prometerte abuelo,
que no habrá limites que nos separen,
y que si nuestra distancia es el cielo,
más lejos aún llegará mi te quiero,
que nunca dejará de buscarte.
al borde de un acantilado,
nadie veía las cicatrices,
que de él estaban tirando.
Acariciaba el pasto bajo sus dedos,
sentía el aire en su pelo blanco,
los surcos de su piel marcaban el camino,
de dos lágrimas que se iban precipitando.
Un gesto desolador y perenne,
las olas rompían y dejaban eco,
sus piernas se balanceaban al verme,
y mi alma quiso atarse a su cuerpo.
Abuelo, no te vayas abuelo,
no me sueltes de tus manos,
aún es pronto no dejes que olvide,
el calor del ultimo abrazo.
Abuelo, no me dejes abuelo,
que tu guerrera aún te necesita,
no sé cómo vencer sola este miedo,
que amenaza con robarme tu sonrisa.
Abuelo, déjame prometerte abuelo,
que no habrá limites que nos separen,
y que si nuestra distancia es el cielo,
más lejos aún llegará mi te quiero,
que nunca dejará de buscarte.