Una excelente reflexión es tu soneto mi niño, la verdad es que no se por qué
se mortifican tanto en discutir, cada uno que escriba donde más cómodo le
sea y que trate de ser cada vez mejor. Gracias por compartir tus sentimientos
en el foro. Besitos apretados en tus mejillas.
Hola a todos (as)... reproduzco aquí algo que dediqué a Amadís en relación con su excitante soneto. ¿Verso libre o prosa poética? ¿Sentimientos o rutina? ¿Poesía o no?... y dejemos ya los enfrentamientos, por favor. Un abrazo. Vicente.
Entramos al mesón y nos sentamos.
Una lareira con pote,
flanqueada por dos recios escaños de madera de castaño,
daba la bienvenida al visitante.
El pote escupía un vapor denso de berzas que inundaba toda la estancia.
Vapor ácido, caliente, sabroso.
Al fondo, sentada en banco de lareira,
la señora Antonia se hurgaba las cuencas,
y trataba de quitarse de sus ojos ciegos legañas imaginarias.
Espeso el humo del roble que ardía,
se impregnaban de madera nuestras ropas,
mojadas del sudoroso caminar.
El can Lucas, que así le llamaba el ama,
roía sobre sus patas un hueso blanco de caña de ternera.
Le hacía el amor al poco tuétano que del hueso derramaba.
Mientras, sus ojos de miel, y sus cejas arqueadas, miraban al ama,
con los bigotes hundidos en la caña, y la cara ladeada.
El otro can, un botarate de pelo cano con una mancha parda en la espalda,
miraba de reojo a su hermano, y con envidia a la caña.
La anciana señora Antonia, que ahora palpaba,
desgranaba maíz sobre su saya negra de gallega viuda.
Mientras, la niña Aurora puso platos de loza sobre un mantel de hule
y nos sentamos a cenar.
Fuera llovía copiosamente y, de vez en cuando,
se oían los plañideros mugidos de una vaca en el establo.
Son vivencias de una etapa en El Camino de Santiago.