Acto de caridad

Pessoa

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ACTO DE CARIDAD
(Reinterpretación del medievo)


Como un último acto de caridad suprema

los lagartos nacidos de las rocas

devoraron los tiernos y dulces ojos

de los pequeños corderos.


Así les evitaron la convulsión y el desprecio

de las nubes que llegaban

-enviadas por los dioses-

yermas de lluvia una vez más.

La meseta, eterna y parda, se replegó ante el insulto.


Las caricias contritas de los vientos

no pudieron evitar que renaciesen

las viejas heridas octogonales

sobre el roquedal de las viejas leyendas.


Recogían las damas sus pálidas frentes

frente a las insinuaciones lascivas

de los unicornios conversos.

Tännhauser había vuelto.


Tiempo aquel en el que los eremitas

alumbraban actos de fe en las fuentes del pecado

y los neocatecúmenos carecían de manual de instrucciones.

Aglomeraban catedrales y burdeles un confuso griterío .


La desmesurada claridad de las vidrieras sagradas

confundía bajo las bóvedas las sombras y los cánticos.

Fuegos de fe y vientos de codicia

los hombres santos se dispersaban entre los pechos núbiles

y los vómitos matutinos tras las ofrendas nocturnas.


Eran tiempos de carroña y fe oxidada.

Tiempos de forja de espíritus desorientados,

de religiones truncadas en sus vuelos de sed mística

de pequeños corderitos cegados por lagartos turbulentos.


Los rojos amaneceres destilaban corazones inconclusos

revestidos en su inclemencia por los tigres acechantes.

Eran, al final de la jornada, amapolas picoteadas por los grajos.

Eran ofrendas inaceptables , turbios labios leporinos,

luces de lunas añejas como huesos de amatista.


Bajo los álamos, entre los juncos trizados, junto al río,

doncellas y caballeros inventan las risas calladas,

risas que no dejan ecos de sus juegos bajo las haldas.

El río va lamiendo sus orillas arrastrando el barro

con el que se fabrican los seres humanos.


Pronto será todo mar.



Gustave-Dore-Paradise-Lost-The-Fall-of-Lucifer.jpg
 
El ser humano del planeta Tierra, es débil. Porque apoya su Misericordia en el Temor reverencial, y no en el conocimiento pleno.
 
Muchas gracias, Eban. Igualmente es un placer para mí recibir tus visitas. A propósito, te felicito por la elección de la imagen que ilustra tu avatar. Soy, yo también, un admirador de Matisse y guardo una revista con un espléndido artículo sobre la génesis y realización de esa fascinante obra que son las siluetas femeninas recortadas. Un cordial saludo,
miguel
 
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ACTO DE CARIDAD
(Reinterpretación del medievo)


Como un último acto de caridad suprema

los lagartos nacidos de las rocas

devoraron los tiernos y dulces ojos

de los pequeños corderos.


Así les evitaron la convulsión y el desprecio

de las nubes que llegaban

-enviadas por los dioses-

yermas de lluvia una vez más.

La meseta, eterna y parda, se replegó ante el insulto.


Las caricias contritas de los vientos

no pudieron evitar que renaciesen

las viejas heridas octogonales

sobre el roquedal de las viejas leyendas.


Recogían las damas sus pálidas frentes

frente a las insinuaciones lascivas

de los unicornios conversos.

Tännhauser había vuelto.


Tiempo aquel en el que los eremitas

alumbraban actos de fe en las fuentes del pecado

y los neocatecúmenos carecían de manual de instrucciones.

Aglomeraban catedrales y burdeles un confuso griterío .


La desmesurada claridad de las vidrieras sagradas

confundía bajo las bóvedas las sombras y los cánticos.

Fuegos de fe y vientos de codicia

los hombres santos se dispersaban entre los pechos núbiles

y los vómitos matutinos tras las ofrendas nocturnas.


Eran tiempos de carroña y fe oxidada.

Tiempos de forja de espíritus desorientados,

de religiones truncadas en sus vuelos de sed mística

de pequeños corderitos cegados por lagartos turbulentos.


Los rojos amaneceres destilaban corazones inconclusos

revestidos en su inclemencia por los tigres acechantes.

Eran, al final de la jornada, amapolas picoteadas por los grajos.

Eran ofrendas inaceptables , turbios labios leporinos,

luces de lunas añejas como huesos de amatista.


Bajo los álamos, entre los juncos trizados, junto al río,

doncellas y caballeros inventan las risas calladas,

risas que no dejan ecos de sus juegos bajo las haldas.

El río va lamiendo sus orillas arrastrando el barro

con el que se fabrican los seres humanos.


Pronto será todo mar.



Gustave-Dore-Paradise-Lost-The-Fall-of-Lucifer.jpg


Noto tu poema, amigo Miguel, algo sombrío y gótico. Bueno, el mundo fue siempre un lugar sombrío, de eso no hay duda. También, creo que podría encajar perfecto en el foro de góticos.

Con respecto a la barbarie, yo siempre creí que no hay muchas diferencias del antiguo Medievo a la actualidad. Seguimos siendo ignorantes, seguimos ciegos y fervientes seguidores de una fe que nos destruye, seguimos siendo bestias “inteligentes para hacer el mal al prójimo”… La única diferencia de antes a ahora es que tenemos mejores (más modernas armas) para matarnos.

Y esta el dicho… “el que mal anda, mal acaba” y sí, será por nuestras propias manos.

Un abrazo, amigo mío.
 
y los neocatecúmenos carecían de manual de instrucciones.

Aglomeraban catedrales y burdeles un confuso griterío .
Pues claro que carecen de manual están inventado una nueva evangelización y para mí, como se lo diría, que la estan... ca ca reando. Creo que se le escapa y habla desde las tripas y no desde la razón que es lo opuesto al corazón y al espíritu que les inunda. Y no sé si vuestro subconsciente os haya traicionado o a mí la asociación de ideas; catedrales + burdeles = cambalaches = vidrieras de prostíbulos rioplatenses; La desmesurada claridad de las vidrieras sagradas confundía bajo las bóvedas las sombras y los cánticos que el plumero se os ve y se os nota, su dirigente es el responsable de las vidrieras de la catedral más fea y sosa de la cristiandad, bueno y el órgano suena como si sus tubos contuvieran un gargajo. Para mí que estáis hablando de la Almudena, ciento diez años para construir esa birria y a lo mejor desconoceis que sus vidrieras están diseñadas por él que como su teología quitan la fe y parece os aseguro una secta medieval.

Es una pequeña venganza porque ayer domingo visite esa pequeña iglesia, la última de las catedrales del siglo XX que parece presbiteriana y la mas mal hecha para ver su anunciado nacimiento y no pudo ser porque solo se puede ver del 23 de diciembre hasta el día seis, es o no para quitar la fe y a mala leche. youtube.com/watch?v=X11EwhBvAbc
 
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Fluye la vida viajando en leyendas de caridad, fluye sin piedad llevándose también al hombre que vuelve al barro por ese río que va a la mar...Impresionante trabajo que regocijó a mi espíritu,Pessoa.Mis respetos y aplausos/adopos
ACTO DE CARIDAD
(Reinterpretación del medievo)


Como un último acto de caridad suprema

los lagartos nacidos de las rocas

devoraron los tiernos y dulces ojos

de los pequeños corderos.


Así les evitaron la convulsión y el desprecio

de las nubes que llegaban

-enviadas por los dioses-

yermas de lluvia una vez más.

La meseta, eterna y parda, se replegó ante el insulto.


Las caricias contritas de los vientos

no pudieron evitar que renaciesen

las viejas heridas octogonales

sobre el roquedal de las viejas leyendas.


Recogían las damas sus pálidas frentes

frente a las insinuaciones lascivas

de los unicornios conversos.

Tännhauser había vuelto.


Tiempo aquel en el que los eremitas

alumbraban actos de fe en las fuentes del pecado

y los neocatecúmenos carecían de manual de instrucciones.

Aglomeraban catedrales y burdeles un confuso griterío .


La desmesurada claridad de las vidrieras sagradas

confundía bajo las bóvedas las sombras y los cánticos.

Fuegos de fe y vientos de codicia

los hombres santos se dispersaban entre los pechos núbiles

y los vómitos matutinos tras las ofrendas nocturnas.


Eran tiempos de carroña y fe oxidada.

Tiempos de forja de espíritus desorientados,

de religiones truncadas en sus vuelos de sed mística

de pequeños corderitos cegados por lagartos turbulentos.


Los rojos amaneceres destilaban corazones inconclusos

revestidos en su inclemencia por los tigres acechantes.

Eran, al final de la jornada, amapolas picoteadas por los grajos.

Eran ofrendas inaceptables , turbios labios leporinos,

luces de lunas añejas como huesos de amatista.


Bajo los álamos, entre los juncos trizados, junto al río,

doncellas y caballeros inventan las risas calladas,

risas que no dejan ecos de sus juegos bajo las haldas.

El río va lamiendo sus orillas arrastrando el barro

con el que se fabrican los seres humanos.


Pronto será todo mar.



Gustave-Dore-Paradise-Lost-The-Fall-of-Lucifer.jpg
 
ACTO DE CARIDAD
(Reinterpretación del medievo)


Como un último acto de caridad suprema

los lagartos nacidos de las rocas

devoraron los tiernos y dulces ojos

de los pequeños corderos.


Así les evitaron la convulsión y el desprecio

de las nubes que llegaban

-enviadas por los dioses-

yermas de lluvia una vez más.

La meseta, eterna y parda, se replegó ante el insulto.


Las caricias contritas de los vientos

no pudieron evitar que renaciesen

las viejas heridas octogonales

sobre el roquedal de las viejas leyendas.


Recogían las damas sus pálidas frentes

frente a las insinuaciones lascivas

de los unicornios conversos.

Tännhauser había vuelto.


Tiempo aquel en el que los eremitas

alumbraban actos de fe en las fuentes del pecado

y los neocatecúmenos carecían de manual de instrucciones.

Aglomeraban catedrales y burdeles un confuso griterío .


La desmesurada claridad de las vidrieras sagradas

confundía bajo las bóvedas las sombras y los cánticos.

Fuegos de fe y vientos de codicia

los hombres santos se dispersaban entre los pechos núbiles

y los vómitos matutinos tras las ofrendas nocturnas.


Eran tiempos de carroña y fe oxidada.

Tiempos de forja de espíritus desorientados,

de religiones truncadas en sus vuelos de sed mística

de pequeños corderitos cegados por lagartos turbulentos.


Los rojos amaneceres destilaban corazones inconclusos

revestidos en su inclemencia por los tigres acechantes.

Eran, al final de la jornada, amapolas picoteadas por los grajos.

Eran ofrendas inaceptables , turbios labios leporinos,

luces de lunas añejas como huesos de amatista.


Bajo los álamos, entre los juncos trizados, junto al río,

doncellas y caballeros inventan las risas calladas,

risas que no dejan ecos de sus juegos bajo las haldas.

El río va lamiendo sus orillas arrastrando el barro

con el que se fabrican los seres humanos.


Pronto será todo mar.



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Arriba este buen escritor del portal
 
ACTO DE CARIDAD
(Reinterpretación del medievo)


Como un último acto de caridad suprema

los lagartos nacidos de las rocas

devoraron los tiernos y dulces ojos

de los pequeños corderos.


Así les evitaron la convulsión y el desprecio

de las nubes que llegaban

-enviadas por los dioses-

yermas de lluvia una vez más.

La meseta, eterna y parda, se replegó ante el insulto.


Las caricias contritas de los vientos

no pudieron evitar que renaciesen

las viejas heridas octogonales

sobre el roquedal de las viejas leyendas.


Recogían las damas sus pálidas frentes

frente a las insinuaciones lascivas

de los unicornios conversos.

Tännhauser había vuelto.


Tiempo aquel en el que los eremitas

alumbraban actos de fe en las fuentes del pecado

y los neocatecúmenos carecían de manual de instrucciones.

Aglomeraban catedrales y burdeles un confuso griterío .


La desmesurada claridad de las vidrieras sagradas

confundía bajo las bóvedas las sombras y los cánticos.

Fuegos de fe y vientos de codicia

los hombres santos se dispersaban entre los pechos núbiles

y los vómitos matutinos tras las ofrendas nocturnas.


Eran tiempos de carroña y fe oxidada.

Tiempos de forja de espíritus desorientados,

de religiones truncadas en sus vuelos de sed mística

de pequeños corderitos cegados por lagartos turbulentos.


Los rojos amaneceres destilaban corazones inconclusos

revestidos en su inclemencia por los tigres acechantes.

Eran, al final de la jornada, amapolas picoteadas por los grajos.

Eran ofrendas inaceptables , turbios labios leporinos,

luces de lunas añejas como huesos de amatista.


Bajo los álamos, entre los juncos trizados, junto al río,

doncellas y caballeros inventan las risas calladas,

risas que no dejan ecos de sus juegos bajo las haldas.

El río va lamiendo sus orillas arrastrando el barro

con el que se fabrican los seres humanos.


Pronto será todo mar.



Gustave-Dore-Paradise-Lost-The-Fall-of-Lucifer.jpg
Cuan a menudo el hombre sucumbe en sus vicios y se deja llevar por sus ignorancias querido amigo Miguel. Siempre tus obras sustanciosas, cultas e impecables... mi admiración por tu arte. Un abrazo, que vaya todo muy bien.
 

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