Se han perdido tantos días
culpando a las hojas de su abrupta
invasión que los suelos
donde mis pasos
se inventan interminables
a la hora de olvidar este amor.
Otoño eterno que en tus manos
llevas la nostalgia de mi renuncia
en tu cara profunda
donde la niebla pierde mi propia esperanza
concede partir de estas plazas encantadas
a los patios iluminados de toda esperanza.
Aquella lejanía del sur nunca
piso mi corazón.
No podría convencer de este amor a nadie
ni a la propia escritura donde ella es la dueña
solamente como todos estos años buscar
entre los rieles de trenes olvidados
el paraíso de la consolación
aquella que destila alivio
al paso de las estrellas
en su inmortal rotación.
culpando a las hojas de su abrupta
invasión que los suelos
donde mis pasos
se inventan interminables
a la hora de olvidar este amor.
Otoño eterno que en tus manos
llevas la nostalgia de mi renuncia
en tu cara profunda
donde la niebla pierde mi propia esperanza
concede partir de estas plazas encantadas
a los patios iluminados de toda esperanza.
Aquella lejanía del sur nunca
piso mi corazón.
No podría convencer de este amor a nadie
ni a la propia escritura donde ella es la dueña
solamente como todos estos años buscar
entre los rieles de trenes olvidados
el paraíso de la consolación
aquella que destila alivio
al paso de las estrellas
en su inmortal rotación.