Jorge Yanes
Poeta fiel al portal
Como si el cielo gritase de dolor, mientras sangra sus propias estrellas
y los mimos temblásemos de miedo, tras las cortinas barrocas de tu pecho.
¡Agosto está lloviendo voces!
Que entre un silencio ensordecedor se alejan
galopando de la mano en la complicidad de la noche
hasta deshacerse a si mismas en la niebla de los ojos de la melancolía.
Y se pierden en el azul mutilado del firmamento nocturno
como un degrado que se suicida porque no sabe dormir,
y navegan como lamentos entre los inciensos del aire.
Y la memoria se deforma, como un molde a nuestro gusto.
Inútiles las hojas, de un árbol familiar envenenado,
que como agonizando se desvanece en los ocasos
y se pierde en las torres del inconsciente.
Y nacen las sombras del olvido.
Mientras el sueño nos dispara en la sien.
Y Agosto decide callarse, hasta que se susurren los últimos gemidos del tiempo.
*Hurtándole palabras a mi diario.
y los mimos temblásemos de miedo, tras las cortinas barrocas de tu pecho.
¡Agosto está lloviendo voces!
Que entre un silencio ensordecedor se alejan
galopando de la mano en la complicidad de la noche
hasta deshacerse a si mismas en la niebla de los ojos de la melancolía.
Y se pierden en el azul mutilado del firmamento nocturno
como un degrado que se suicida porque no sabe dormir,
y navegan como lamentos entre los inciensos del aire.
Y la memoria se deforma, como un molde a nuestro gusto.
Inútiles las hojas, de un árbol familiar envenenado,
que como agonizando se desvanece en los ocasos
y se pierde en las torres del inconsciente.
Y nacen las sombras del olvido.
Mientras el sueño nos dispara en la sien.
Y Agosto decide callarse, hasta que se susurren los últimos gemidos del tiempo.
*Hurtándole palabras a mi diario.
::