Sobrevivir, acaso sea suerte...
Quizás te reconcilia con la vida.
Porque ante la certeza de la muerte,
te niegas a que gane la partida.
Para perder la fe tuve motivos,
pero el amanecer vino en mi ayuda.
La luz del sol libera a los cautivos,
que cargan las cadenas de la duda.
¿A dónde voy? Y dime, ¿Quién eres tú?
El tiempo con sus fauces me persigue.
Ya no busco tu manto de tisú.
Anhelo en la verdad la paz que abrigue.
Al tic tac del reloj bailo la danza
de esa cosa con plumas, la esperanza.
Segunda versión corregida
Sobrevivir, ¿acaso es una suerte?
¿O es reconciliarte con la vida?
Porque ante la certeza de la muerte,
te niegas a que gane la partida.
Para perder la fe tuve motivos.
Pero el amanecer vino en mi ayuda.
La luz del sol libera a los cautivos,
presos en la locura de la duda.
¡Ya no soy tu princesa antojadiza!
No me regales un manto de tisú.
Mi reino bajo escombros agoniza.
Mientras tanto: —Poeta ¿Qué haces tú?
Dime, ¿cuándo perdiste la esperanza?
y cambiaste tu lucha por la danza?
Mis disculpas a los compañeros que han leido mi poema. Creo que ahora se ajusta más a lo que quise decir.
Gracias por vuestra paciencia.
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