José Luis Remualdi
Poeta recién llegado
ALVARITO
Alvarito es borracho y a las ocho de la mañana ya está con su vaso de whisky en la mesa que, por su olor, (Alvarito se baña poco) le puso el bolichero en la vereda. Alvarito se baña poco porque generalmente le cuesta tres o cuatro días reponerse de una gran borrachera y como la abstinencia no da lugar al baño sino a la copa vital de 'acomodarse el esqueleto' lo que sigue ya se sabe: copa y copa 'restauradoras'.
Sin embargo, su aspecto es pulcro a veces, como de mejores tiempos y su cara enrojecida es la representación del optimismo. Y, aunque siempre diligente y empático a través de su borrachera, (que casi no demuestra debido a sus años de entrenamiento etílico, pienso) está borracho. Por más sobrio que esté, su semblante está borracho y habla de cualquier tema con una ubicación asombrosa; seguro como redención a su condición de ebrio. Algo que noto solamente yo, porque yo fui un Alvarito.
A veces tengo ganas de sentarme con él en su mesa de la vereda y decirle que yo también viví y vivo en estado de culpa. Que tengo un mundo por dentro frustrado pero bello para confesar, que los sobrios jueces del prójimo no tienen ni entenderán jamás. Pero sentarme con Alvarito sería hermanarme con él y reincidir en el demonio feliz e infeliz que fui con el alcohol, y eso, por ciertos asuntos no me lo puedo permitir. Entonces, paso de largo pero no sin advertir cómo destella de pura sinceridad de borracho y de niño, el vaso de whisky de Alvarito.
José Luis Remualdi Cavallero
Alvarito es borracho y a las ocho de la mañana ya está con su vaso de whisky en la mesa que, por su olor, (Alvarito se baña poco) le puso el bolichero en la vereda. Alvarito se baña poco porque generalmente le cuesta tres o cuatro días reponerse de una gran borrachera y como la abstinencia no da lugar al baño sino a la copa vital de 'acomodarse el esqueleto' lo que sigue ya se sabe: copa y copa 'restauradoras'.
Sin embargo, su aspecto es pulcro a veces, como de mejores tiempos y su cara enrojecida es la representación del optimismo. Y, aunque siempre diligente y empático a través de su borrachera, (que casi no demuestra debido a sus años de entrenamiento etílico, pienso) está borracho. Por más sobrio que esté, su semblante está borracho y habla de cualquier tema con una ubicación asombrosa; seguro como redención a su condición de ebrio. Algo que noto solamente yo, porque yo fui un Alvarito.
A veces tengo ganas de sentarme con él en su mesa de la vereda y decirle que yo también viví y vivo en estado de culpa. Que tengo un mundo por dentro frustrado pero bello para confesar, que los sobrios jueces del prójimo no tienen ni entenderán jamás. Pero sentarme con Alvarito sería hermanarme con él y reincidir en el demonio feliz e infeliz que fui con el alcohol, y eso, por ciertos asuntos no me lo puedo permitir. Entonces, paso de largo pero no sin advertir cómo destella de pura sinceridad de borracho y de niño, el vaso de whisky de Alvarito.
José Luis Remualdi Cavallero