Un ánfora grabada con mi signo
aguarda a recibir lo que me resta
en este plano temporal, mi gesta,
por un camino recto, fidedigno.
Quiero creer que pude ser un digno
merecedor de una existencia honesta,
sin grandes pretensiones, muy modesta
y propia de un espíritu benigno.
La luz he de cruzar. Vendrá el final,
de un lento develar, es su reseña,
fuego crepuscular, carmín natal.
El alma es un trinar, la carne leña.
La llave hay que girar y abril portal.
Seguir hacia el altar. La muerte es dueña.