Fulgencio Cibertraker
Poeta que considera el portal su segunda casa
(Amador es sorprendido robando unas hojas con garabatos de ruedas y piñones para la construcción de relojes)
Ya que me viene a robar,
al menos él doncel es guapo,
así que ¡Colgazlo!.
Lo que mandeis.
Pero a donde vais con él.
¡ A colgarlo !, ¿No es lo que quereis?
Pero que barbaridad,
acaso a mi en la tierra,
se me pueda bien robar.
Que paseis una cuerda por la viga
Y lo colguéis de la cabeza a los pies
Maniatado suavecito por las manos
Que prefiero al efebo, examinarlo.
Lo dixo, lo que mandeis.
Haber, robahigos verdes
Las manos bajar quereis.
Y dejar de asir el cordel.
Que por ahora no prefiero
zancadillearos la silla
ni quitarla de los pies.
Bueno ovediente, no es
O lo haceis o la silla os quito
bien formado si que esta el pillo
Parece un atleta griego.
Traezme los platos negros aquellos
que versan sobre atletas del Olimpo
el comparar me agrada si pudiera.
Para desconcertar a todos los presentes
Se bajo la camisa y dejo al aire sus pechos
Pareceis contrariado pero no sorprendido
Acaso no gozamos estar en la misma condición.
No es por verlos, indulgente señora
Es por saber que hacer con ellos.
¿Amasar agua y harina y hacer pan con miga
O estirar aun mas la longaniza con la masa?
Señora en vez de miraros
No me quitan la mirada.
¡Anda! otro como el rey en su vista
Que prefiere vernos los ojos
Que mirarme lujurioso el culo.
A mi es que me tienen muy vista.
Yo podria estar una hora
alabando vuestros pechos.
!Una hora!, el alago señor
El alago haria por vos
que vivierais una hora
No dejeis que muera donna
Sin ver los pechos de la Iborra.
Convertirdos con mis versos,
Sopesar de uno su volumen
Puesto sobre el fiel de la balanza,
Y en el otro estremo, el mundo.
Y cantar sus alabanzas donde sea
Dicen que a luar de los vuestros
Los vuestros si acaso son aldabas.
Pues dicen que remueven la marea
O restañir al tañir de las campanas
y si me esfuerzo desviar otro planeta.
El alago señor, os queda poca vida
y no quiero con mi tiempo malgastarme,
se que habeis venido a robarme
Pero no se bien el motivo a que adularme.
Vengo de parte de un relojero aleman
Al que estan haciendo daño los vuestros.
Yo solo he copiado los de ricos y hacendados.
Pero mas simples,
con dos piezas de menos
Vengo o venia a entender
el reloj de minutejos.
Señor por dios se os esta inflamando la pierna
Bajarle lo pantalones las mayas o lo que sea.
Ya lo veo, tendréis que perdonarme
Pero reconozco un alago cuando lo veo.
Ya lo veo, ya lo veo
¿Como os llamáis princesa?
Dijo Lucrecia pensativa.
Amador condesa para seviros
A vos y a vuestra esposa.
En que me podriais a mi
Servir, servirme o sirviente
Ni se me puede robar
Ni hurgar en mis arcones.
Para vos estan guardados
En cajones de aceros fuertes,
mis melones mas sonantes.
No seran los de la Iborra
Pero veo que os vais agora
perfeccionando en el alago.
Pero por dios, escucharme
!Queréis dejar de apuntarme!.
Ante mi por respeto obtenido
Donde fuereis destas tierras
A nadie le veo empinado,
Encima de una banqueta.
Que al borde del precipicio
Nos hemos al fin descuidado
Presumidamente, asomado
luego de puntillas empinado.
Asomarse desde el risco.
De sus pechos balconados.
No es la luna si no donna
Quien provoca la marea
metiendose el agua en su seno
Baja el nivel de la costa.
Y de un salto a la corriente
Me deje llevar por tus ojos
Por ser mas grandes de lejos
Que de cerda vuestros senos.
¿Recordais Celeste
una comparacion asi.
¿No fue el primer dia de clase?
Dejazme adivinar si puedo.
Que tienen una rara cualidad
De lejos son un poco grandes
Y al acercarse, son pequeños.
Aqui la santa un dia que dijo:
Todos los hombres prefieren
Los pechos que sean grandes
Pero que ocupen poco espacio.
Podria ser vuestro poeta de cabecera.
Podría cantar de esas erguidas aldabas
Alabanzas de poeta o trovo,
al temblar con ellas la tierra
convertidas con poco en campanas.
Del poema epico: <Lucrecia Mataplana y Rogers Lancol
de la casa ducal Folch en Cardona>
Ya que me viene a robar,
al menos él doncel es guapo,
así que ¡Colgazlo!.
Lo que mandeis.
Pero a donde vais con él.
¡ A colgarlo !, ¿No es lo que quereis?
Pero que barbaridad,
acaso a mi en la tierra,
se me pueda bien robar.
Que paseis una cuerda por la viga
Y lo colguéis de la cabeza a los pies
Maniatado suavecito por las manos
Que prefiero al efebo, examinarlo.
Lo dixo, lo que mandeis.
Haber, robahigos verdes
Las manos bajar quereis.
Y dejar de asir el cordel.
Que por ahora no prefiero
zancadillearos la silla
ni quitarla de los pies.
Bueno ovediente, no es
O lo haceis o la silla os quito
bien formado si que esta el pillo
Parece un atleta griego.
Traezme los platos negros aquellos
que versan sobre atletas del Olimpo
el comparar me agrada si pudiera.
Para desconcertar a todos los presentes
Se bajo la camisa y dejo al aire sus pechos
Pareceis contrariado pero no sorprendido
Acaso no gozamos estar en la misma condición.
No es por verlos, indulgente señora
Es por saber que hacer con ellos.
¿Amasar agua y harina y hacer pan con miga
O estirar aun mas la longaniza con la masa?
Señora en vez de miraros
No me quitan la mirada.
¡Anda! otro como el rey en su vista
Que prefiere vernos los ojos
Que mirarme lujurioso el culo.
A mi es que me tienen muy vista.
Yo podria estar una hora
alabando vuestros pechos.
!Una hora!, el alago señor
El alago haria por vos
que vivierais una hora
No dejeis que muera donna
Sin ver los pechos de la Iborra.
Convertirdos con mis versos,
Sopesar de uno su volumen
Puesto sobre el fiel de la balanza,
Y en el otro estremo, el mundo.
Y cantar sus alabanzas donde sea
Dicen que a luar de los vuestros
Los vuestros si acaso son aldabas.
Pues dicen que remueven la marea
O restañir al tañir de las campanas
y si me esfuerzo desviar otro planeta.
El alago señor, os queda poca vida
y no quiero con mi tiempo malgastarme,
se que habeis venido a robarme
Pero no se bien el motivo a que adularme.
Vengo de parte de un relojero aleman
Al que estan haciendo daño los vuestros.
Yo solo he copiado los de ricos y hacendados.
Pero mas simples,
con dos piezas de menos
Vengo o venia a entender
el reloj de minutejos.
Señor por dios se os esta inflamando la pierna
Bajarle lo pantalones las mayas o lo que sea.
Ya lo veo, tendréis que perdonarme
Pero reconozco un alago cuando lo veo.
Ya lo veo, ya lo veo
¿Como os llamáis princesa?
Dijo Lucrecia pensativa.
Amador condesa para seviros
A vos y a vuestra esposa.
En que me podriais a mi
Servir, servirme o sirviente
Ni se me puede robar
Ni hurgar en mis arcones.
Para vos estan guardados
En cajones de aceros fuertes,
mis melones mas sonantes.
No seran los de la Iborra
Pero veo que os vais agora
perfeccionando en el alago.
Pero por dios, escucharme
!Queréis dejar de apuntarme!.
Ante mi por respeto obtenido
Donde fuereis destas tierras
A nadie le veo empinado,
Encima de una banqueta.
Que al borde del precipicio
Nos hemos al fin descuidado
Presumidamente, asomado
luego de puntillas empinado.
Asomarse desde el risco.
De sus pechos balconados.
No es la luna si no donna
Quien provoca la marea
metiendose el agua en su seno
Baja el nivel de la costa.
Y de un salto a la corriente
Me deje llevar por tus ojos
Por ser mas grandes de lejos
Que de cerda vuestros senos.
¿Recordais Celeste
una comparacion asi.
¿No fue el primer dia de clase?
Dejazme adivinar si puedo.
Que tienen una rara cualidad
De lejos son un poco grandes
Y al acercarse, son pequeños.
Aqui la santa un dia que dijo:
Todos los hombres prefieren
Los pechos que sean grandes
Pero que ocupen poco espacio.
Podria ser vuestro poeta de cabecera.
Podría cantar de esas erguidas aldabas
Alabanzas de poeta o trovo,
al temblar con ellas la tierra
convertidas con poco en campanas.
Del poema epico: <Lucrecia Mataplana y Rogers Lancol
de la casa ducal Folch en Cardona>
Última edición: