Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa

Amalaya, se han borrado,
de los labios el deseo
las caricias de las manos,
el sentir de aquellos dedos,
de la boca las palabras,
de los años todo el tiempo
de la vida la esperanza,
la alegría y todo sueño
Amalaya, se han muerto,
los poemas y los versos,
las musas hoy descansan,
en las tumbas del mausoleo,
por el amor que se ha ido,
por el hombre que está enfermo
por la mujer que ha partido,
a buscar destino incierto.
Amalaya, ya no existe
en su mundo el universo,
se avecinan tiempos tristes,
soledades sin luceros
muchas noches sin la luna,
tempestad y desconcierto
Amalaya, quien pudiera,
no vivir de los recuerdos
borrar lo que se ha vivido,
lo malo también lo bueno,
y dejar en el pasado,
este feo y triste infierno