Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Amanecen palomas
en las ventanas de la iglesia.
En el suelo cansado y húmedo
un colilla agonizante sonríe
a una lata de cerveza vacía.
Si las estatuas sin zapatos
saludan a los tranvías
es bien sabido que la mañana
cubre las calles de prisas,
de sombreros con rizos
que desayunan minutos
y palabras enjauladas.
Ahora bien, si una carcajada
coge un taxi hacia el mediodía
es fácil que los hombres de gris
empiecen a recitar estadísticas
como única posibilidad de victoria.
No importa cuando y como lo hagan,
si un verso infiltrado en tu reloj digital
cambia los números por letras
al final de la jornada nacerá un poema.
en las ventanas de la iglesia.
En el suelo cansado y húmedo
un colilla agonizante sonríe
a una lata de cerveza vacía.
Si las estatuas sin zapatos
saludan a los tranvías
es bien sabido que la mañana
cubre las calles de prisas,
de sombreros con rizos
que desayunan minutos
y palabras enjauladas.
Ahora bien, si una carcajada
coge un taxi hacia el mediodía
es fácil que los hombres de gris
empiecen a recitar estadísticas
como única posibilidad de victoria.
No importa cuando y como lo hagan,
si un verso infiltrado en tu reloj digital
cambia los números por letras
al final de la jornada nacerá un poema.