José Benito
Poeta fiel al portal
Sus cabellos son hebras de seda
bajo panes de oro teñidas,
de una soga de horca extraídas
que en su hábito enreda.
Son sus ojos dos hierros al rojo,
es su lengua de Hidra un tentáculo
a la que hacen austero habitáculo
agujas de tojo.
Es de piedra su rostro de esfinge
al que envidian las bellas cariátides,
y su cráneo un joyero con áspides
que, cerrado, finge.
Son sus senos dos cálices llenos
con que arquea su pecho convexo,
y te ofrece a beber de su sexo
letales venenos.
Y las uñas, diez garras de fiera
aguardando clavarse en tu pecho,
retraídas en félido lecho
de paciente espera.
Te reclama con voz de sirena
que te envuelve en su abrazo sinuoso,
y tu sueño es el opio insidioso
que vierte en tu vena.
Y lo sabes, mas dejas que llegue,
pues te hechiza su aroma de infierno
y su encanto deseas eterno,
que entero te ciegue:
-“Son mis piernas Jaquín y Boaz.
¿Quién no sueña entre ellas estar,
y su entera mirada bañar
en mi blanca faz?”
Mas, si en ti la ilusoria conciencia
de que a salvo tu sexo te tiene,
cree, incauta: callar te conviene
y oír la advertencia.
De la caja de Pandora puerta
es su cruel corazón a quien sufre;
libres fuego dejará, y azufre,
una vez abierta.
Y tal vez mi pregunta sea brusca,
pero tengo razón para ella:
¿adivinas quién es esta bella?
¡Pues viene en tu busca!
bajo panes de oro teñidas,
de una soga de horca extraídas
que en su hábito enreda.
Son sus ojos dos hierros al rojo,
es su lengua de Hidra un tentáculo
a la que hacen austero habitáculo
agujas de tojo.
Es de piedra su rostro de esfinge
al que envidian las bellas cariátides,
y su cráneo un joyero con áspides
que, cerrado, finge.
Son sus senos dos cálices llenos
con que arquea su pecho convexo,
y te ofrece a beber de su sexo
letales venenos.
Y las uñas, diez garras de fiera
aguardando clavarse en tu pecho,
retraídas en félido lecho
de paciente espera.
Te reclama con voz de sirena
que te envuelve en su abrazo sinuoso,
y tu sueño es el opio insidioso
que vierte en tu vena.
Y lo sabes, mas dejas que llegue,
pues te hechiza su aroma de infierno
y su encanto deseas eterno,
que entero te ciegue:
-“Son mis piernas Jaquín y Boaz.
¿Quién no sueña entre ellas estar,
y su entera mirada bañar
en mi blanca faz?”
Mas, si en ti la ilusoria conciencia
de que a salvo tu sexo te tiene,
cree, incauta: callar te conviene
y oír la advertencia.
De la caja de Pandora puerta
es su cruel corazón a quien sufre;
libres fuego dejará, y azufre,
una vez abierta.
Y tal vez mi pregunta sea brusca,
pero tengo razón para ella:
¿adivinas quién es esta bella?
¡Pues viene en tu busca!
José Benito Freijanes Martínez
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