Hoy se ha marchado
un poco de esperanza de mi vida;
hoy ha anegado el día
una realidad tibia.
La tarde resbala lenta
por mi ventana,
la luz brilla aun
entre el cielo y la calle,
y mis sentimientos
están mas serenos que nunca
atrapando el susurro de la claridad
que las horas
y mi corazón
tanto ansían.
Suspendo mis ojos
mas allá de los tejados
y absorbo una serenidad
no conocida por mi,
la serenidad con la esperanza medida,
la que no esta atada a los deseos,
la que me amarra fuerte
a los huecos de la vida.
Como una amiga me acompaña,
sin reproches,
sin falsedades,
manchada de realidad,
vestida de ilusión
pero con un paso lento
en una mañana con el calor dentro,
la que me lleva a la sombra
me halaga con el descanso
y no me exige.
La que desearía ser yo
en muchos momentos
un poco de esperanza de mi vida;
hoy ha anegado el día
una realidad tibia.
La tarde resbala lenta
por mi ventana,
la luz brilla aun
entre el cielo y la calle,
y mis sentimientos
están mas serenos que nunca
atrapando el susurro de la claridad
que las horas
y mi corazón
tanto ansían.
Suspendo mis ojos
mas allá de los tejados
y absorbo una serenidad
no conocida por mi,
la serenidad con la esperanza medida,
la que no esta atada a los deseos,
la que me amarra fuerte
a los huecos de la vida.
Como una amiga me acompaña,
sin reproches,
sin falsedades,
manchada de realidad,
vestida de ilusión
pero con un paso lento
en una mañana con el calor dentro,
la que me lleva a la sombra
me halaga con el descanso
y no me exige.
La que desearía ser yo
en muchos momentos