VICTOR SANTA ROSA
Poeta fiel al portal
Una reflexión sobre lo perdurable de la amistad y la fragilidad del amor. Una experiencia personal de la infancia que escribí hace muchos años.
Amigo de la infancia,
de mozuelos afanes,
juegos y vagancia
e inocentes desmanes.
Hijos de la amistad,
nuestra misma madre
y de ella, hicimos alarde,
con cariño y fraternidad.
Y pasaron los años,
quedó atrás la aventura,
entre recuerdos de antaño.
Hoy la vida es más dura,
pero no menos generosa,
y nuestra amistad pura,
la ostentamos airosa.
Más el incierto destino,
que nos tienta y provoca,
puso en nuestro camino,
la tentación que discordia.
Quién lo iba a creer,
que cómo yedra y cizaña,
el amor de una misma mujer,
cautivó nuestra alma.
Recuerdo como premisa,
esa niña de rostro inocente,
de afable sonrisa
pero mirada ardiente.
Cómo robó nuestra paz,
dejándonos ansiedad,
más esa angelical faz,
atenta nuestra amistad.
Y los dos la amamos,
como un solo corazón.
Más no suficiente razón
para enemistarnos
El amor es tan ilusorio,
tantas veces banalidad,
es calvario o pretorio,
que nos quita libertad.
Más no es la amistad,
cómo lo es el amor,
la amistad siempre esta,
no así el amor.
Por eso amigo mío,
de corazón te digo:
Amala en tu tiempo,
Yo la amaré en el mío.
Y si cuando está contigo,
se le escapa un suspiro,
no lo tomes tuyo amigo,
pues de repente es mío
Más cuando esté conmigo,
y la sienta suspirar,
pensaré que no es mío,
porque en ti ha de pensar.
Y cuando el amor se vaya,
como el tiempo se nos va,
no habrá una sola muralla,
que menoscabe la amistad.
Autor: Víctor A. Arana
(VÍCTOR SANTA ROSA)
Abril 23 del 2004.
Amigo de la infancia,
de mozuelos afanes,
juegos y vagancia
e inocentes desmanes.
Hijos de la amistad,
nuestra misma madre
y de ella, hicimos alarde,
con cariño y fraternidad.
Y pasaron los años,
quedó atrás la aventura,
entre recuerdos de antaño.
Hoy la vida es más dura,
pero no menos generosa,
y nuestra amistad pura,
la ostentamos airosa.
Más el incierto destino,
que nos tienta y provoca,
puso en nuestro camino,
la tentación que discordia.
Quién lo iba a creer,
que cómo yedra y cizaña,
el amor de una misma mujer,
cautivó nuestra alma.
Recuerdo como premisa,
esa niña de rostro inocente,
de afable sonrisa
pero mirada ardiente.
Cómo robó nuestra paz,
dejándonos ansiedad,
más esa angelical faz,
atenta nuestra amistad.
Y los dos la amamos,
como un solo corazón.
Más no suficiente razón
para enemistarnos
El amor es tan ilusorio,
tantas veces banalidad,
es calvario o pretorio,
que nos quita libertad.
Más no es la amistad,
cómo lo es el amor,
la amistad siempre esta,
no así el amor.
Por eso amigo mío,
de corazón te digo:
Amala en tu tiempo,
Yo la amaré en el mío.
Y si cuando está contigo,
se le escapa un suspiro,
no lo tomes tuyo amigo,
pues de repente es mío
Más cuando esté conmigo,
y la sienta suspirar,
pensaré que no es mío,
porque en ti ha de pensar.
Y cuando el amor se vaya,
como el tiempo se nos va,
no habrá una sola muralla,
que menoscabe la amistad.
Autor: Víctor A. Arana
(VÍCTOR SANTA ROSA)
Abril 23 del 2004.
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