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Amor inmarcesible

AMANT

Poeta adicto al portal
Crujían las hojas, al ser presionadas por mis plantas, hojas cafés muertas en el suelo así como mi alma. Había caído del árbol aquel que me sustentaba, me precipité, creyendo que volaría, me creí ala, pero era solo eso y pasado el tiempo Sería abono para aquel árbol que uno vez me dio vida y crecerían nuevas hojas verdes y frescas que atraparían la luz, pensaba en esto mientras te esperaba cerca de tu puerta y caminaba en círculos y tu ignorabas que entretanto lo hacia aguardaba a que el amor apareciera vestido de ti y de atavíos que siempre solías portar con mucho estilo y originalidad, tan tu, tan única. Ese día y los cientos de días pasados había en el aire un dejo de nostalgia, de melancolía, la sed de tus abrazos se había tornado insoportable, del líquido sedoso y dulce que manaba de tus labios, la misma fuente mágica por donde también brotaban hermosos sonidos, tus palabras, tus vocablos del color de tu voz aguda y femenina. Si, ansiaba acariciarte y que tu piel fuera oleaje y la mía playa, pero estabas tan distante más aun que la luna y los astros titilantes de aquella noche en la que en el firmamento busqué a Dios y solo encontré a una diosa en mi mente, que ocupaba todo el espacio, que había abducido mis neuronas y entonces busqué en mi corazón aquel viejo baúl que guardaba tantos amores, tantos cariños y algunos rencores como tesoros y encontré tu fotografía inmarcesible, hallé el amor por ti creciendo y clonándose, acaparándolo todo. Y bueno tenía que aceptar el desenlace, así como acepté el nudo y el planteamiento de nuestra historia que le había traído más dicha, mucha más que desdicha, más paz y locura a mi vida, que había sembrado en mí un anhelo de vivir, de escapar de la muerte, un deseo de luchar, de hacer feliz a alguien más que apareció un día en mi camino, un ser angelical, divino, que solo existía en mis sueños más dulces y no te ame por joven y no me acerqué a ti buscando apropiarme de algo que jamás mío será y no pienso apresar en la jaula de oro del amor, la libertad es uno de tus mayores anhelos y tus derechos. Solo deseaba que me permitieras amarte y si eran tus sentimientos parecidos a los míos multicolores pero principalmente rojos y celestes, abrieras la puerta de tu casa y me permitieras entrar no solo ese día, no solo esa tarde, porque yo te abriría las puertas de la mías porque tú tenías la llave, solo tú. El frío invernal calaba hasta los huesos, pero había un frío que calaba también en la esencia, más allá del cuerpo.
 
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Crujían las hojas, al ser presionadas por mis plantas, hojas cafés muertas en el suelo así como mi alma. Había caído del árbol aquel que me sustentaba, me precipité, creyendo que volaría, me creí ala, pero era solo eso y pasado el tiempo Sería abono para aquel árbol que uno vez me dio vida y crecerían nuevas hojas verdes y frescas que atraparían la luz, pensaba en esto mientras te esperaba cerca de tu puerta y caminaba en círculos y tu ignorabas que entretanto lo hacia aguardaba a que el amor apareciera vestido de ti y de atavíos que siempre solías portar con mucho estilo y originalidad, tan tu, tan única. Ese día y los cientos de días pasados había en el aire un dejo de nostalgia, de melancolía, la sed de tus abrazos se había tornado insoportable, del líquido sedoso y dulce que manaba de tus labios, la misma fuente mágica por donde también brotaban hermosos sonidos, tus palabras, tus vocablos del color de tu voz aguda y femenina. Si, ansiaba acariciarte y que tu piel fuera oleaje y la mía playa, pero estabas tan distante más aun que la luna y los astros titilantes de aquella noche en la que en el firmamento busqué a Dios y solo encontré a una diosa en mi mente, que ocupaba todo el espacio, que había abducido mis neuronas y entonces busqué en mi corazón aquel viejo baúl que guardaba tantos amores, tantos cariños y algunos rencores como tesoros y encontré tu fotografía inmarcesible, hallé el amor por ti creciendo y clonándose, acaparándolo todo. Y bueno tenía que aceptar el desenlace, así como acepté el nudo y el planteamiento de nuestra historia que le había traído más dicha, mucha más que desdicha, más paz y locura a mi vida, que había sembrado en mí un anhelo de vivir, de escapar de la muerte, un deseo de luchar, de hacer feliz a alguien más que apareció un día en mi camino, un ser angelical, divino, que solo existía en mis sueños más dulces y no te ame por joven y no me acerqué a ti buscando apropiarme de algo que jamás mío será y no pienso apresar en la jaula de oro del amor, la libertad es uno de tus mayores anhelos y tus derechos. Solo deseaba que me permitieras amarte y si eran tus sentimientos parecidos a los míos multicolores pero principalmente rojos y celestes, abrieras la puerta de tu casa y me permitieras entrar no solo ese día, no solo esa tarde, porque yo te abriría las puertas de la mías porque tú tenías la llave, solo tú. El frío invernal calaba hasta los huesos, pero había un frío que calaba también en la esencia, más allá del cuerpo.

Hasta lo más ligero, como una hoja o una pluma termina cayendo, pero hasta que cae ha habido un vuelo que merece la pena recordar cuando llega el invierno y la nostalgia nos invade pero no nos mata porque el aire sigue ahí para alzarnos de nuevo.
Me gustó tu poema, gracias y a seguir escribiendo. Saludos cordiales.
 
Crujían las hojas, al ser presionadas por mis plantas, hojas cafés muertas en el suelo así como mi alma. Había caído del árbol aquel que me sustentaba, me precipité, creyendo que volaría, me creí ala, pero era solo eso y pasado el tiempo Sería abono para aquel árbol que uno vez me dio vida y crecerían nuevas hojas verdes y frescas que atraparían la luz, pensaba en esto mientras te esperaba cerca de tu puerta y caminaba en círculos y tu ignorabas que entretanto lo hacia aguardaba a que el amor apareciera vestido de ti y de atavíos que siempre solías portar con mucho estilo y originalidad, tan tu, tan única. Ese día y los cientos de días pasados había en el aire un dejo de nostalgia, de melancolía, la sed de tus abrazos se había tornado insoportable, del líquido sedoso y dulce que manaba de tus labios, la misma fuente mágica por donde también brotaban hermosos sonidos, tus palabras, tus vocablos del color de tu voz aguda y femenina. Si, ansiaba acariciarte y que tu piel fuera oleaje y la mía playa, pero estabas tan distante más aun que la luna y los astros titilantes de aquella noche en la que en el firmamento busqué a Dios y solo encontré a una diosa en mi mente, que ocupaba todo el espacio, que había abducido mis neuronas y entonces busqué en mi corazón aquel viejo baúl que guardaba tantos amores, tantos cariños y algunos rencores como tesoros y encontré tu fotografía inmarcesible, hallé el amor por ti creciendo y clonándose, acaparándolo todo. Y bueno tenía que aceptar el desenlace, así como acepté el nudo y el planteamiento de nuestra historia que le había traído más dicha, mucha más que desdicha, más paz y locura a mi vida, que había sembrado en mí un anhelo de vivir, de escapar de la muerte, un deseo de luchar, de hacer feliz a alguien más que apareció un día en mi camino, un ser angelical, divino, que solo existía en mis sueños más dulces y no te ame por joven y no me acerqué a ti buscando apropiarme de algo que jamás mío será y no pienso apresar en la jaula de oro del amor, la libertad es uno de tus mayores anhelos y tus derechos. Solo deseaba que me permitieras amarte y si eran tus sentimientos parecidos a los míos multicolores pero principalmente rojos y celestes, abrieras la puerta de tu casa y me permitieras entrar no solo ese día, no solo esa tarde, porque yo te abriría las puertas de la mías porque tú tenías la llave, solo tú. El frío invernal calaba hasta los huesos, pero había un frío que calaba también en la esencia, más allá del cuerpo.
Preciosa historia que me ha refrescado la tarde. Saludos. Un placer recibirte por acá.
 
Crujían las hojas, al ser presionadas por mis plantas, hojas cafés muertas en el suelo así como mi alma. Había caído del árbol aquel que me sustentaba, me precipité, creyendo que volaría, me creí ala, pero era solo eso y pasado el tiempo Sería abono para aquel árbol que uno vez me dio vida y crecerían nuevas hojas verdes y frescas que atraparían la luz, pensaba en esto mientras te esperaba cerca de tu puerta y caminaba en círculos y tu ignorabas que entretanto lo hacia aguardaba a que el amor apareciera vestido de ti y de atavíos que siempre solías portar con mucho estilo y originalidad, tan tu, tan única. Ese día y los cientos de días pasados había en el aire un dejo de nostalgia, de melancolía, la sed de tus abrazos se había tornado insoportable, del líquido sedoso y dulce que manaba de tus labios, la misma fuente mágica por donde también brotaban hermosos sonidos, tus palabras, tus vocablos del color de tu voz aguda y femenina. Si, ansiaba acariciarte y que tu piel fuera oleaje y la mía playa, pero estabas tan distante más aun que la luna y los astros titilantes de aquella noche en la que en el firmamento busqué a Dios y solo encontré a una diosa en mi mente, que ocupaba todo el espacio, que había abducido mis neuronas y entonces busqué en mi corazón aquel viejo baúl que guardaba tantos amores, tantos cariños y algunos rencores como tesoros y encontré tu fotografía inmarcesible, hallé el amor por ti creciendo y clonándose, acaparándolo todo. Y bueno tenía que aceptar el desenlace, así como acepté el nudo y el planteamiento de nuestra historia que le había traído más dicha, mucha más que desdicha, más paz y locura a mi vida, que había sembrado en mí un anhelo de vivir, de escapar de la muerte, un deseo de luchar, de hacer feliz a alguien más que apareció un día en mi camino, un ser angelical, divino, que solo existía en mis sueños más dulces y no te ame por joven y no me acerqué a ti buscando apropiarme de algo que jamás mío será y no pienso apresar en la jaula de oro del amor, la libertad es uno de tus mayores anhelos y tus derechos. Solo deseaba que me permitieras amarte y si eran tus sentimientos parecidos a los míos multicolores pero principalmente rojos y celestes, abrieras la puerta de tu casa y me permitieras entrar no solo ese día, no solo esa tarde, porque yo te abriría las puertas de la mías porque tú tenías la llave, solo tú. El frío invernal calaba hasta los huesos, pero había un frío que calaba también en la esencia, más allá del cuerpo.
Un relato lleno de emociones y sentimientos.

Saludos
 

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