Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Anduvo la muerte rondando mis blancas calles,
con su ronca voz de negra parca
preguntó por mi ausencia.
Fue la vida la que dirimió su duda
respondiendo sobre mi estancia
y con calma palabra
anunció mi presencia en los verdes valles.
¡Ella... La muerte!
Retiró su filosa guadaña, caminó con su pata de palo
y su parche cruel de pirata buscando otros quehaceres.
El viento sopló mi celeste ventana
Y expulsó su fantasma
hasta los marcos implosivos...
El árbol amigo de los años
estiró la pólvora de su rama
y guardó la dinamita en los huesos de las Valkirias.
El sonido del ave dejó su canto de espera futura
y colgó su ley de pergamino en hoja.
Y ella...
“ ella”... Se fue vacía...
Vacía de mi alma, sus huecos y montículos.
Guardó el negro chuchillo,
su lápiz rojo de meretriz defectuosa
y pintó la raya en otras baldosas.
Todos los derechos reservados en Safe Creative & Published Word Press
con su ronca voz de negra parca
preguntó por mi ausencia.
Fue la vida la que dirimió su duda
respondiendo sobre mi estancia
y con calma palabra
anunció mi presencia en los verdes valles.
¡Ella... La muerte!
Retiró su filosa guadaña, caminó con su pata de palo
y su parche cruel de pirata buscando otros quehaceres.
El viento sopló mi celeste ventana
Y expulsó su fantasma
hasta los marcos implosivos...
El árbol amigo de los años
estiró la pólvora de su rama
y guardó la dinamita en los huesos de las Valkirias.
El sonido del ave dejó su canto de espera futura
y colgó su ley de pergamino en hoja.
Y ella...
“ ella”... Se fue vacía...
Vacía de mi alma, sus huecos y montículos.
Guardó el negro chuchillo,
su lápiz rojo de meretriz defectuosa
y pintó la raya en otras baldosas.
Todos los derechos reservados en Safe Creative & Published Word Press