¡Ah!, que bueno que llegaste, te esperaba,
Pero entra, no te quedes en la puerta;
¿Qué mal te puede pasar? ¡Que yo te trague,
como una serpiente a su presa!
Si estás cansado te acuestas y si parado,
¡Si! y si parado como siempre estás, te sientas;
Regodéate si quieres no tengo prisa,
Que te abrazaré allá adentro, muerta de risa.
Deja todo lo que traes, vacíate con calma,
Descansa un rato, toma brios, y vuelves a la guerra;
Cargándote de municiones muy certeras,
Haz ruidos si quieres y sacúdete, que a mi nada me aterra.
¿Te diste cuenta como estaba yo, al tocar tú a mi puerta?,
Pero supiste entrar sin dar un resbalón;
Yo estaba lubricada pues siempre estoy dispuesta,
Esperando por ti, que me mojas, y me dejas muy contenta.
Pero eso si, ¡eh! Te lo advierto Cuando dentro de mí te encuentres,
quiero que estés más duro, que una roca envejecida,
Y si me ves llorar ya te dije; no te asustes
Es que estaré gozando mucho, no es sentirme adolorida.
Pero entra, no te quedes en la puerta;
¿Qué mal te puede pasar? ¡Que yo te trague,
como una serpiente a su presa!
Si estás cansado te acuestas y si parado,
¡Si! y si parado como siempre estás, te sientas;
Regodéate si quieres no tengo prisa,
Que te abrazaré allá adentro, muerta de risa.
Deja todo lo que traes, vacíate con calma,
Descansa un rato, toma brios, y vuelves a la guerra;
Cargándote de municiones muy certeras,
Haz ruidos si quieres y sacúdete, que a mi nada me aterra.
¿Te diste cuenta como estaba yo, al tocar tú a mi puerta?,
Pero supiste entrar sin dar un resbalón;
Yo estaba lubricada pues siempre estoy dispuesta,
Esperando por ti, que me mojas, y me dejas muy contenta.
Pero eso si, ¡eh! Te lo advierto Cuando dentro de mí te encuentres,
quiero que estés más duro, que una roca envejecida,
Y si me ves llorar ya te dije; no te asustes
Es que estaré gozando mucho, no es sentirme adolorida.