Tengo el extraño presentimiento de que ya he escrito esto antes, y que cuando lo hacia tenia mi edad de hoy.
Tendría yo como quince años, y por razón de adolescentes penas, guardaba mis apuntes en el corral de las gallinas. Segun yo, a nadie se le iba a ocurrir ir a buscar mis apuntes en un gallinero y, ademas, pensaba que mis en-plumadas amigas los protegerían, como sus huevos, mejor que yo.
Teníamos cuatro corrales; el de los marranos, el de las chivas, el de los patos y el de las gallinas.
Las gallinas me gustaban más porque eran menos preguntonas y se ocupaban en comer, poner sus huevos, criar a sus pollitos y no en averiguar qué era lo que yo tanto escribía.
No incluyendome a mi, hoy, de ocho hermanos/as quedamos cinco. Por aquellos precarios tiempos, recuerdo teniamos una mesa, varias camas, pero no para cada uno, dos roperos, pero las mas bellas y amplias risas antes del dormir, juegos de fuerza y serios consejos de mis mayores mayores sobre esos asuntos del andarse enamorado, confundido, y por aquellos días, sin plata en los bolsillos.
Yo crecí creyendo que aparecer lo que uno escribía no era cosa de machos, sino de otras manifestaciones. Pero hoy no, para mi hablar de cosas poéticas son una chingonada, y mas si son al oído de una mujer...sé que es raro, pero pienso es grato estar vivo y apreciar lo que con esfuerzos uno es o que no se imaginaba ser, un poeta, vaya!
La vida hoy me habla diferente, aunque sigo siendo del mismo de antes... tengo un solo corral, el de las gallinas, pero ya no guardo con ellas mis apuntes como con las otras de la infancia, mas no porque las gallinas de hoy sean gringas, más conservadoras o porque necesitan mas cuidados que las rosas. No, no los guardo mas porque los escritos los pongo al sol.
Tengo una bella esposa, colombiana, un hijo, una hija, 5 gallinas que reemplazo cuando se mueren, un perro, dos carros, bicicletas para cada uno, una carretilla, un sistema de sonido, y no un radio como al que se le daba golpes para que funcionara, camas para cada uno y hasta para quien nos visita y, en los bolsillos, ademas de muchos recuerdos del cuando no tenia un peso, a mi Dios gracias, esos verdes papeles que raramente se secan...
Fidel Guerra.
United States
Marzo, 2017.
Tendría yo como quince años, y por razón de adolescentes penas, guardaba mis apuntes en el corral de las gallinas. Segun yo, a nadie se le iba a ocurrir ir a buscar mis apuntes en un gallinero y, ademas, pensaba que mis en-plumadas amigas los protegerían, como sus huevos, mejor que yo.
Teníamos cuatro corrales; el de los marranos, el de las chivas, el de los patos y el de las gallinas.
Las gallinas me gustaban más porque eran menos preguntonas y se ocupaban en comer, poner sus huevos, criar a sus pollitos y no en averiguar qué era lo que yo tanto escribía.
No incluyendome a mi, hoy, de ocho hermanos/as quedamos cinco. Por aquellos precarios tiempos, recuerdo teniamos una mesa, varias camas, pero no para cada uno, dos roperos, pero las mas bellas y amplias risas antes del dormir, juegos de fuerza y serios consejos de mis mayores mayores sobre esos asuntos del andarse enamorado, confundido, y por aquellos días, sin plata en los bolsillos.
Yo crecí creyendo que aparecer lo que uno escribía no era cosa de machos, sino de otras manifestaciones. Pero hoy no, para mi hablar de cosas poéticas son una chingonada, y mas si son al oído de una mujer...sé que es raro, pero pienso es grato estar vivo y apreciar lo que con esfuerzos uno es o que no se imaginaba ser, un poeta, vaya!
La vida hoy me habla diferente, aunque sigo siendo del mismo de antes... tengo un solo corral, el de las gallinas, pero ya no guardo con ellas mis apuntes como con las otras de la infancia, mas no porque las gallinas de hoy sean gringas, más conservadoras o porque necesitan mas cuidados que las rosas. No, no los guardo mas porque los escritos los pongo al sol.
Tengo una bella esposa, colombiana, un hijo, una hija, 5 gallinas que reemplazo cuando se mueren, un perro, dos carros, bicicletas para cada uno, una carretilla, un sistema de sonido, y no un radio como al que se le daba golpes para que funcionara, camas para cada uno y hasta para quien nos visita y, en los bolsillos, ademas de muchos recuerdos del cuando no tenia un peso, a mi Dios gracias, esos verdes papeles que raramente se secan...
Fidel Guerra.
United States
Marzo, 2017.
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