ludmila
Poeta veterano en el portal
Escribo y en la superficie de mis alas
se extiende un hálito desnudo de recuerdos,
en la oligarquía de las sombras
un color de espumas y desiertos
enriquece la plétora de besos
y entiendo que la brisa espesa
se condensa en fila, con palabras.
Todas ellas encumbradas
en un caos de soplos agitados
donde la ideología se embellece con las frases
de todas las miradas.
Suplico a las musas que me inspiren
la dolencia, la tristeza y la esperanza,
anidadas en la secreta mansedumbre
de las cosas, donde la ternura se agiganta
teñida de nomenclaturas arcaicas,
que insisten en regresar a las sorpresas
y a los sueños de la infancia,
donde un niño deliciosamente solo
se acuna en los brazos de la tierra.
Se ha desterrado aquella etapa,
los recuerdos se convierten en migajas,
las caricias son arena en el olvido,
y la lluvia destiñe el corazón de la mañana.
Yo he vuelto allí en un viaje místico
he sentido el corazón desvencijado,
mi garganta aullaba como un lobo herido
y la sensación de un dolor profundo y despoblado,
como un mar de leones enjaulados
por todo lo perdido y por todo lo soñado.
se extiende un hálito desnudo de recuerdos,
en la oligarquía de las sombras
un color de espumas y desiertos
enriquece la plétora de besos
y entiendo que la brisa espesa
se condensa en fila, con palabras.
Todas ellas encumbradas
en un caos de soplos agitados
donde la ideología se embellece con las frases
de todas las miradas.
Suplico a las musas que me inspiren
la dolencia, la tristeza y la esperanza,
anidadas en la secreta mansedumbre
de las cosas, donde la ternura se agiganta
teñida de nomenclaturas arcaicas,
que insisten en regresar a las sorpresas
y a los sueños de la infancia,
donde un niño deliciosamente solo
se acuna en los brazos de la tierra.
Se ha desterrado aquella etapa,
los recuerdos se convierten en migajas,
las caricias son arena en el olvido,
y la lluvia destiñe el corazón de la mañana.
Yo he vuelto allí en un viaje místico
he sentido el corazón desvencijado,
mi garganta aullaba como un lobo herido
y la sensación de un dolor profundo y despoblado,
como un mar de leones enjaulados
por todo lo perdido y por todo lo soñado.
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