susi underground
Poeta que considera el portal su segunda casa
En ese campo rodeado de esculturas se resume
la gloria eterna cuando al fin llega la calma.
También mueren las piedras con forma humana,
las de la mirada triste,
las de las rígidas manos elevadas hacia el cielo,
implorantes,
inanes en su apariencia de rocas desnaturalizadas.
Condenadas al regalo de la observación sin prisas,
resuelven el misterio de los astros y de las alcantarillas
sin que el más leve rubor delate la emoción que embriaga
sus pétreos poros cincelados.
Se agrietan sus minerales carnes,
se desgastan sus entrañas,
disienten la gravedad y su mística cabeza
de tanto ver los mismos caminos estancos.
Un poco más de lluvia y de viento,
de sol y de hielo sembrando distancias,
y en arena se desvanecen los granitos y los cantos.
la gloria eterna cuando al fin llega la calma.
También mueren las piedras con forma humana,
las de la mirada triste,
las de las rígidas manos elevadas hacia el cielo,
implorantes,
inanes en su apariencia de rocas desnaturalizadas.
Condenadas al regalo de la observación sin prisas,
resuelven el misterio de los astros y de las alcantarillas
sin que el más leve rubor delate la emoción que embriaga
sus pétreos poros cincelados.
Se agrietan sus minerales carnes,
se desgastan sus entrañas,
disienten la gravedad y su mística cabeza
de tanto ver los mismos caminos estancos.
Un poco más de lluvia y de viento,
de sol y de hielo sembrando distancias,
y en arena se desvanecen los granitos y los cantos.
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