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Ascenso catalítico

Tema en 'Poemas Generales' comenzado por Cris Cam, 12 de Marzo de 2019. Respuestas: 0 | Visitas: 27

  1. Cris Cam

    Cris Cam Poeta adicto al portal

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    Género:
    Hombre
    Ascenso catalítico
    I
    Están oscuros los sótanos,
    no llega el sol,
    no puedo ver las fotos,
    los boletines,
    las bicicletas.

    Están fríos los abismos,
    se ateran los huesos,
    se cuartea la piel,
    se confunden las lágrimas.

    Está lejos el exilio,
    te comen las hormigas,
    aunque el mate ayuda
    y hay cofrades de lápiz.

    II
    Afloraré a superficie;
    rondaré los pantanos,
    soplaré la niebla de los camalotes,
    quizá atrape algún sapo o
    me muerda otra serpiente.

    Me moveré hacia la luz,
    buscaré tibieza en los colores,
    contemplaré las auras de las hadas,
    aprenderé la trama de los vestidos.

    Hallaré asilo bajo una parra,
    cortaré hojarasca y pan trenzado,
    describiré mis contradicciones,
    dibujaré mi esperanza de palotes.

    III
    Pero, algo me ha enceguecido.
    Demasiada luz para mis pupilas.
    Vuelvo a escuchar música.

    Algo me ha atravesado.
    Demasiada tensión para mi piel,
    Vuelvo a sentir mis latidos.

    Algo me arrastra por las vertientes.
    Demasiada pureza para mis infiernos.
    Vuelvo a sofocarme de confusión.

    Corto en dos mi almanaque.
    Temo estallar en pedazos,
    ya despiden humo mis comisuras.
    ¿Que es esto que no recuerdo?

    IV
    Volveré a mi cripta,
    estaré seguro de mis angustias,
    conoceré mis noches,
    saludaré a mis cucarachas.

    Dejaré de jugar a los globos
    y remontar barriletes.
    Que me arrastra el viento.
    Quizá compre una corbata.

    Alguien me detiene,
    me toma blancamente la muñeca,
    me pide coraje,
    me habla de la virtud de las escaleras
    y la urdimbre de las estaciones,
    de la lejanía de los infinitos
    y de la inocuidad de la luna.

    V
    Me amanecen los ojos,
    me crecen plumones,
    ásperos, sucios, duros...
    pero míos.
    Se me quiebran las falanges,
    de versos, eufemismos y requiebros.
    Me duele la palabra imposible.

    Reinvento el sabor del vino,
    de uvas prensadas y añejas,
    de vidrios limpios y simples,
    de labios impresos y despintados.

    Me guardo un souvenir de semillas,
    con la persistencia de mi tozudez,
    la savia de los perfumes,
    el frío de los pulloveres,
    la sabiduría de los desvanes.

    VI
    Oigo estallos de milenio,
    pasa un tren hacia el ocaso.
    No tengo besos de cangrejos.
    No tengo vuelos de colibrí.
    Me colaría sin boleto.

    Pero... no tengo besos de cangrejos.
    Quizá tenga que bajar la marea.
    No tengo vuelos de colibrí.
    Quizá esté en el jardín equivocado.

    No es eso... no es nada de eso.
    Tengo la piel analfabeta,
    el alma imberbe, el reloj sin cuerda
    No es tan grave para el universo.

    VII
    Ensayaré una nueva experiencia,
    sin mecheros y con cobayos.
    Seré insensato,
    pero haré caso de los silogismos.
    Aprenderé a conjugar nuevos verbos,
    que no están en mis libros.

    Y finalmente,
    le contaré que siento,
    pero no le pediré respuesta,
    (para que adelantar finales).

    Sólo, (y es demasiado),
    me sustente las alas,
    mientras cambio las plumas,
    me ilumine las noches,
    mientras ajusto mis tuercas,
    me despeje el camino,
    mientras corro a mi tiempo.

    Y es tan simple,
    cuando no hay leches agrias,
    que parece absurdo pedido.
    Tan simple...
    como pedirle a un bebé que ría,
    porque no conoce decepciones.

    VIII
    Por eso...
    cambiaré la máscara de oxígeno,
    tiraré esta vieja de terminales,
    usaré esta de andinista,
    miraré los picos nevados,
    no las oquedades.

    Me lastimaré, con dicha, los dedos,
    para alcanzar nidos de cóndores,
    y llegaré desde la sima a la cima,
    arrojaré mis mochilas y clavaré mi bandera.

    Y desde allí vigilaré.
    Vigilaré a los dulces cangrejos.
    Vigilaré sus aleteos de mariposa.
    Vigilaré, también, respirares de hadas.
    Y veré amanecer.

    Pero no dormiré en la carpa,
    (sería lo mismo que una cueva),
    bajaré con firmeza y as de espadas,
    a chapotear los lagos,
    desmalezar la llanura,
    idolatrar los mares
    y limpiar el hormigón.

    Quizá sea el modo, que no conozco,
    y quien dice,
    que al cruzar otra esquina,
    de otras calles, de otras paradas,
    sin desdecirme de tanto celo vital,
    me arrojen,
    al pasar,
    otra flecha.
     
    #1
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