Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desleído
en la estela de un cometa,
me propongo el espacio,
un vacío arropa con sus espinas,
las raíces de mis venas
encalladas
sobre estos brazos de ancla,
entre la sed y el mar de un desierto.
No sé si desenterraré el sustento
que he perdido
o solo sepultaré estas caricias
que se han hinchado hasta
volverse escamas de hielo.
Atrás quedo la bandera
de tu cabellera tremolando
en mis dedos,
un collage con los pedazos
de isla y un fútil suvenir
armando el rompecabezas
de tu boca
desparramado
por el estruendo de un adiós.
Ese tren metálico
aventurado a unas vías frías
con espacio para llevarse
toda una vida,
en solo una nota de garganta.
Vi por última vez los diamantes
en tus ojos
cortar nuestros espejos
arrancando tu delicada silueta,
dejando brozas de poemas
bogando donde bostezan todos
los vientos.
No sé qué colores tiene los
fragmentos de este lienzo,
he vivido la penumbra
como una sanguijuela ávida,
sin el formol exacto para
prolongar una muerta primavera,
sin el artilugio para detener el tiempo,
solo tengo pólvora bajo la piel
y cada día le disparo el alma a un
recuerdo.
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