Bueno es hacer preguntas cuando hay respuestas que dar, Donatien. No te preocupes por acribillar que así me das la oportunidad de explicar.
Aunque es largo, yo lo leo muuuuy despacio, remarcando mucho donde aparecen esas palabras sueltas y descolgadas del resto, porque es donde se descolgaría el tono de voz del posible narrador (no soy yo, por cierto) ante la zozobra que sufre. Es un poema esencialmente muy muy triste. Debe entenderse como versos de las reflexiones profundas y no vocales, sino psíquicas que experimenta la persona que encuentra a un ser vivo que ama, muerto por la confabulación en la estupidez de otros. Algo muy común en realidad.
El recurso de entrecortar el verso lo he visto en alguna otra obra y siempre lo he usado, no sé si existe formalmente, pero yo intento que al no poder leer de golpe toda la línea aumente la tensión igualando a la vivida por el narrador, es como un corte de respiración o una antítesis no formal a lo que anteriormente vienes leyendo.
Intenta leerlo en dos golpes de voz allí donde aparece, normalmente aquéllas palabras que se descuelgan del resto son las que oprimen el pecho del narrador.
El Ensueño preferí ponerlo en mayúscula, porque me refiero específicamente a la vida de aquél que pierde tras el estertor su única pertenencia. No digo la más grande. Sino su única pertenencia. Y merece una mayúscula para distinguirlo de una palabra común con decenas de significados según el contexto, aquí sólo tiene uno. Siendo puristas, probablemente no pueda ir en mayúsculas. Pero bueno... una licencia poética, si quieres, para que se entienda un poco mejor, que sé que este poema es raro, raro.
Las pupilas de lienzo son aquéllas cuyos párpados ya no cierran, que reflejan durante un tiempo el vidrioso último cuadro que la vida ha pintado para quien no va a continuar. Hablo de un suceso real, ocurrido el deceso en la probable tarde noche de aquel día. El protagonista descubre la muerte reciente y se observa a si mismo reflejado en esos ojos que ya no cierran, que "han hilado" la noche anterior al alba "ya despierto", porque el descubrimiento se produce a la mañana siguiente. Tierra y cielo con significado religioso ya no "disputan" el Ensueño, porque ya ha terminado el trance que sucedió al frío y al hambre, porque ha vencido en esta disputa el cielo, como metáfora, me refiero a la muerte y a su posible trascendencia metafísica.
El "Axioma" es la muerte, existe y es cierta sin definición. Porque sí. El "Teorema" es la vida, y necesita de complicados vericuetos físicos para producirse. El "Axioma" siempre vence a través de leyes químicas (como la descomposición, la destrucción de los tejidos y de la psique) al "Teorema" y es indemostrable. No sabemos cuándo, pero es así. En el caso del poema, acaba de producirse horas antes.
"Ave insigne" es el ser vivo elevado a la categoría de semidiós por el autor del poema, enardecido entre nosotros mortales por el hecho de haber trascendido de su singladura misteriosa y dolorosa, por no haber recibido ninguna congratulación por su sufrimiento casi mesiánico. Merece ese calificativo y ese sustantivo.
"La penúltima rima de hojas y fango" me refiero al estertor, aliento último expirado al levantar el vuelo el Ave insigne. Se refiere a un último salibazo entre las hojas y fango que le rodean, allí donde la fatal parca se aviene al encuentro.
A estas alturas ya sabemos cuál es el "peluche congelado". Es un cuerpo de trapo congelado en la noche aciaga.
Cuando amas algo que ni siquiera conoces, el descubrirlo abre de golpe la compuerta como de una presa cuyas aguas revientan en tu cara tus atisbos de moral, de religión, de urbanidad. Todos maldecimos aquéllo en lo que creemos llegados a este punto. ¿Verdad? Por eso, mentirías en tus juramentos, negando instantáneamente todo en lo que crees, en lo que volverás a creer al recuperar el sosiego. Probablemente, maldecirías a Dios aunque creyeses en El. Y probablemente arriesgarías en tus promesas y sentencias porque liberarías gran carga de odio retenido debido a la tensión enorme desbocada. Jurarías matar a tu peor enemigo en un alarde de ira que no puede ser descargada contra el culpable de la escena del poema.
La mentira que siglos han contado -> es la trascendencia que las religiones han otorgado a la muerte, aunque en este caso me refiera a un animal, desde luego, puedes exportarlo a cualquier ser humano. El sujeto narrador del poema en primera persona, a la vista de la muerte, reniega de una fe inculcada desde siglos y acepta que todo ello es una "mentira". Sin embargo, repudia cada milésima de segundo en las cuales esto le va desatesorando, y por eso "muerde los tiempos por cuales esta verdad va asordando la mentira que siglos han contado".
Eres silencio. Me refiero a quien ya no existe como ser vivo.
Una daga deshebrando de voz -> la imposibilidad de articular la palabra por el dolor del instante
Los atropellados verbos -> la necesidad de externalizar la maldición ya referida hacia la fe, la religión y el malditismo hacia el ser humano que ha permitido esa escena.
Las mil distancias -> La separación que se abre entre un ser vivo y el fenecido.
Dividiéndose, nos visten de cieno -> Al dividirlas, estas mil distancias aumentarían progresivamente y según el eje temporal hasta hacernos invisibles el uno al otro, "vestinos de cieno" es como cubrirnos de barro hasta no podernos ver y es cómo metaforizo la pérdida, primero visual, y progresivamente incluso del recuerdo de aquél que ya no está.
¡Hasta el Empíreo...Ave Insigne! -> Le sugiero y deseo que ya vuele libre hacia un posible otro lado, un posible "paraíso" donde defender otra vida que aquí no ha tenido.
En esta tierra, tu Dios ya no será creado -> El ser humano ha eliminado con su torpeza, animadversión por la vida y connivencia con el confabulador, la posible existencia de Dios para este ser vivo. Sin duda, si Dios existe, no ha reparado en él. Y ya no hay vuelta atrás. El Axioma se ha producido y no existe cura. Ya Dios no podrá ser creado en esta vida para ofrecerle lo que durante siglos las mentiras han contado.
Nuestra caricia lo sigue desollando -> Desollamos a Dios, impedimos su existencia cuando permitimos que todo el mal que cada día se produce y nos asola sigue devorando nuestro planeta, nuestros valores. Nuestros animales indefensos muertos por el abandono que han silenciado los confabuladores. Pero el hombre no debe ser entendido como un ser vivo destructor, ¿verdad? Por eso, es nuestra caricia tan poco apetecible la que destruye a Dios.
Nadie.
En la sangre.
Todavía hay sangre en el cuerpo, pero nadie en él.
Ante la inmediatez del óbito, el narrador observa en las últimas líneas a aquél que se esparce ante si mismo y duda, como tantos de nosotros, de que sea cierto todo lo que ha pensado, maldecido, odiado, susurrado delante de aquel cadáver todavía tan vívido, tan hermoso cuerpo entre la hojarasca. Y pregunta: "¿No eres...
Pregunta inacabada. Respuesta.
Silencio.