Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Dices tú las palabras y temblaremos juntos en el silencio. Precisamente esta es tu llave. Ellas son tu llave para todo. Seguramente te permitirán girar con suavidad bajo el sol sin que le tengas miedo a caer. Ellas son tan desnudas y singulares. Ellas son la suma de ti misma y de tu sueño. La extraña llamada cuando te cobijes entre sus brazos y tires de la cinta naranja de tu pelo. Sus alas están atadas a tus hombros como vendas. Te cubren a ti y a tus heridas. Me pregunto si al mirarte fijamente, en la elocuencia de tus ojos, podría leer las palabras secretas. Indudablemente, en el fuego cruzado, quedaría atrapado en medio del tiroteo y mis ojos se cerrarían como si de repente estuvieran avergonzados. Con tus palabras amaso un poema y lo pongo en la trayectoria palpable del misterio. Y luego nada: el aire desplazándose, aventando el silencio. Apenas un latido. La precisión del verso. La luz desordenada de tu mente que apenas roza el aire y es ya destello breve de ti misma. Resplandor que no deja regueros, ni salpica, ni se expande, sólo alivia. Pura nostalgia -casi religiosa- al viento.
Silencio que lleva tu nombre grabado en la dulzura callada de las horas. En las hojas del alma encharcadas de tiempo. Por qué te escondes agazapada entre los manantiales ahora que todo son atajos que sólo entre nosotros conocemos. Tu sed está hecha para el amor y será vencida al respirar de mis latidos. Mas también el tiempo te hará llaga, y descenderán mis ojos al fondo de la herida donde la luz enmudece llena de sombra. La sombra protectora de los sueños que ofrece sus ramajes al otoño de la vida. Sombra que conoce tus secretos, conoce tus andanzas en las tardes reposadas de ternura cuando dibujas un sol entre las nubes del cielo y un cielo entre las rosas de un poema.
Y es que no hay espacio tuyo donde yo no exista en rebeldía, reventando un abismo de versos, un mar de estrofas sumergidas. Y a varios mares de distancia de la sencillez que tiene el brillo de tus ojos, mi silencio se vuelve golondrina para volar hacia las nubes perplejas de la ausencia y apoyar en tus manos, el beso de los míos.
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