Guadalupe D. Lopez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ay soledad compañera, amiga,
creo que hoy si te pasaste,
me arrinconaste en lo oscuro
y mi fe me la quitaste.
Me gritaste al oido,
hasta sorda me dejaste,
me golpeaste el corazón
y de mi sentir te burlaste.
Abusaste de mi confianza,
con alevosía y ventaja
premeditando tu jugada,
clavándomela una navaja.
No tuviste compasión
ni siquiera te inmutaste,
no te importaron mis suplicas
y mi raciocinio pisoteaste.
Dijiste que eras mi amiga,
aquel día cuando llegaste,
repartiendo tus abrazos
y mi tristeza consolaste.
Ahora sé, que eres falsa
hipócrita y traicionera,
te has robado mi mundo
manteniéndome prisionera.
Inocente, pobre ilusa,
tú, te vas cuando yo quiera,
en mi vida mando yo,
yo decido, si te quedas.
creo que hoy si te pasaste,
me arrinconaste en lo oscuro
y mi fe me la quitaste.
Me gritaste al oido,
hasta sorda me dejaste,
me golpeaste el corazón
y de mi sentir te burlaste.
Abusaste de mi confianza,
con alevosía y ventaja
premeditando tu jugada,
clavándomela una navaja.
No tuviste compasión
ni siquiera te inmutaste,
no te importaron mis suplicas
y mi raciocinio pisoteaste.
Dijiste que eras mi amiga,
aquel día cuando llegaste,
repartiendo tus abrazos
y mi tristeza consolaste.
Ahora sé, que eres falsa
hipócrita y traicionera,
te has robado mi mundo
manteniéndome prisionera.
Inocente, pobre ilusa,
tú, te vas cuando yo quiera,
en mi vida mando yo,
yo decido, si te quedas.
Última edición: