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Aylan en la playa...

eduardocarpio

Poeta adicto al portal
AYLAN EN LA PLAYA...(*)


Mi país tenía
muchos corderitos
y lobitos buenos
y un jardín tranquilo

donde se reunían
todos a la vez;
días de rumores,
ecos del edén.

Un príncipe probo,
una hermosa bruja,
blancas las palomas,
blancas y tan pulcras.

Cuando yo soñaba
el pirata honrado
sí tenía parche
y pata de palo.

Había sirenas,
las gavias del puerto,
la sal de la brisa
y el azul de un cielo...

Se acabó mi sueño
y truncó la paz,
grises por añiles,
confínes de cal.

Aylan en la playa,
araña de arena,
soñaba vivir
y cuánta la pena.

De cera el semblante,
agua en los pulmones:
los niños que veo
no llegan a’ hombres.

¿Qué mar con orillas
entrega cadáveres?
¿Qué tanto infortunio?
¿Qué tanta barbarie?

¿Acaso la suerte
del hombre en el mundo
brilló sus espejos
opacos de luto?

No tengo pañuelos
para tantas lágrimas,
ahora los días
me nacen sin alba.

Serás del olvido
amarga oración
y trunco futuro
sin un corazón.

Un ave sin alas,
también sin color,
cuando me despierto
¿de quién tu dolor?

eduardocarpio
14 de enero de 2016


(*) Aylan Kurdi tenía tres años. Ahogado en el Egeo. Su familia huía del infierno de Kobane (Siria)
 
Última edición:
Recordaba el precioso poema de José Agustín Goytisolo que tantas veces le he oído cantar a Paco Ibañez, mientra recitaba, casi cantando, las primeras estrofas de este hermoso y escalofriante poema que nos ofreces. Excelente trabajo que me ha llegado al alma, Eduardo, porque ese suceso me dejó conmocionado en su momento, pero sepamos que ese no es más que un botón de muestra de algo que está sucediendo a diario y que parece que nada pasa porque los medios de comunicación no ponen los focos sobre ello. El drama de los refugiados es una de las grandes vergüenzas de nuestro tiempo.

Me alegro muchísimo de volver a leer algo tuyo de nuevo, amigo. Ciertamente te había echado en falta.

Te mando un fuerte abrazo.
 
Sublime esta endecha, estimado tocayo,
desgarradora nana que nos conmueve,
¿en qué mundo vivimos, que produce estas desgracias?
lo has sabido describir como lo sientes,
y qué mejor homenaje que arrullar a ese pequeño que no pudo llegar a adulto.
Un saludo cordial,
Eduardo
 
Juan, Eduardo, Jorge
Leyendo Palabras para Julia me acordé de unos versos del mismo Agustín Goytisolo: Érase una vez/un lobito bueno/al que maltrataban/todos los corderos... Y con su carrerilla rítmica y la tremenda emotividad de aquellas, comenzó Aylan a formar sus endechas desde mi confort hasta su penuria y desgracia.
Muy agradecido por vuestras palabras. El mundo está en una etapa que me apena profundamente. Solo encuentro letras tristísimas, aunque me aferro al rayo de esperanza prendido -creo- en la ingenuidad de la infancia, pues otra cosa no encuentro. Un abrazo. eduardocarpio


PS Llevo un tiempo sin editar en el portal y ello se debe a que poco o casi nada de lo que escribí me resultó aceptable. La consecuencia inmediata y afortunada es la que me condujo a escribir sin horario, ni obligación, solo bajo perentoria necesidad de contar lo que a ello convoca y, claro, siempre que sepa cómo decirlo. Una veces en tropel, otras en sosegado silencio. Nada importante, pues. Gracias de nuevo por vuestra acogida. eduardocarpio
 
Última edición:
Preguntándome acerca del gran valor simbólico de esta muerte, Eduardo, no pude dejar de recordar el argumento rebelde y obsesivo de Iván Karamazov:

«Y si el tormento de los niños ha de contribuir al conjunto de los dolores necesarios para la adquisición de la verdad, afirmo con plena convicción que tal verdad no vale un precio tan alto. No quiero que la madre perdone al verdugo: no tiene derecho a hacerlo. Le puede perdonar su dolor de madre, pero no el de su hijo, despedazado por los perros. Aunque su hijo concediera el perdón, ella no tiene derecho a concederlo. Y si el derecho de perdonar no existe, ¿adónde va a parar la armonía eterna? ¿Hay en el mundo algún ser que tenga tal derecho? Mi amor a la humanidad me impide desear esa armonía. Prefiero conservar mis dolores y mi indignación sin redimir, ¡aunque me equivoque! Además, se ha enrarecido la armonía eterna. Cuesta demasiado la entrada. Prefiero devolver la mía. Como hombre honrado, estoy dispuesto a devolverla inmediatamente. Esta es, pues, mi posición. No niego la existencia de Dios, pero, con todo respeto, le devuelvo la entrada.»

Para colmo en este caso no se trata de la entrada al Reino, sino simplemente de la permanencia en un mundo enajenado por el dólar, el petróleo, las drogas y las armas. El mundo está lleno de Aylanes que se ahogan en la indiferencia del capital.

Hermoso tu poema, en que la melacolía se engarza en estas cuartetas de romancillo, tan caras a lo popular.

Matan a un niño: razón suficiente para la rebeldía prometeica.

abrazo
Jorge
 
Última edición:
AYLAN EN LA PLAYA...(*)


Mi país tenía
muchos corderitos
y lobitos buenos
y un jardín tranquilo

donde se reunían
todos a la vez;
días de rumores,
ecos del edén.

Un príncipe probo,
una hermosa bruja,
blancas las palomas,
blancas y tan pulcras.

Cuando yo soñaba
el pirata honrado
sí tenía parche
y pata de palo.

Había sirenas,
las gavias del puerto,
la sal de la brisa
y el azul de un cielo...

Se acabó mi sueño
y truncó la paz,
grises por añiles,
confínes de cal.

Aylan en la playa,
araña de arena,
soñaba vivir
y cuánta la pena.

De cera el semblante,
agua en los pulmones:
los niños que veo
no llegan a’ hombres.

¿Qué mar con orillas
entrega cadáveres?
¿Qué tanto infortunio?
¿Qué tanta barbarie?

¿Acaso la suerte
del hombre en el mundo
brilló sus espejos
opacos de luto?

No tengo pañuelos
para tantas lágrimas,
ahora los días
me nacen sin alba.

Serás del olvido
amarga oración
y trunco futuro
sin un corazón.

Un ave sin alas,
también sin color,
cuando me despierto
¿de quién tu dolor?

eduardocarpio
14 de enero de 2016


(*) Aylan Kurdi tenía tres años. Ahogado en el Egeo. Su familia huía del infierno de Kobane (Siria)

Estimado Eduardo,¿qué puedo decirte que no te hayan dicho ya? empatizo totalmente con lo que dices en tu comentario, y tu poema me ha llegado a lo mas profundo. Hoy acabo de ver en las noticias la muerte en el mar, de dos niños, ante su madre embarazada , su lamentos su incredulidad cuando la alzaron al barco y vio que con ellos no consiguian respirar, sus niños quedaron allí en ese enorme sepulcro azul en que se ha convertido nuestro mar...¡qué impotencia! qué demencial este mundo nuestro, no se ni como nos podemos permitirnos una sonrisa al poner los pies en el suelo ante el nuevo día
Tu poema es triste , dulcemente triste y profundamente tierno. Si, Eduardo, el regreso a la infancia nos salva...es un refugio.
Gracias por este homenaje.
Un abrazo.
 
AYLAN EN LA PLAYA...(*)


Mi país tenía
muchos corderitos
y lobitos buenos
y un jardín tranquilo

donde se reunían
todos a la vez;
días de rumores,
ecos del edén.

Un príncipe probo,
una hermosa bruja,
blancas las palomas,
blancas y tan pulcras.

Cuando yo soñaba
el pirata honrado
sí tenía parche
y pata de palo.

Había sirenas,
las gavias del puerto,
la sal de la brisa
y el azul de un cielo...

Se acabó mi sueño
y truncó la paz,
grises por añiles,
confínes de cal.

Aylan en la playa,
araña de arena,
soñaba vivir
y cuánta la pena.

De cera el semblante,
agua en los pulmones:
los niños que veo
no llegan a’ hombres.

¿Qué mar con orillas
entrega cadáveres?
¿Qué tanto infortunio?
¿Qué tanta barbarie?

¿Acaso la suerte
del hombre en el mundo
brilló sus espejos
opacos de luto?

No tengo pañuelos
para tantas lágrimas,
ahora los días
me nacen sin alba.

Serás del olvido
amarga oración
y trunco futuro
sin un corazón.

Un ave sin alas,
también sin color,
cuando me despierto
¿de quién tu dolor?

eduardocarpio
14 de enero de 2016


(*) Aylan Kurdi tenía tres años. Ahogado en el Egeo. Su familia huía del infierno de Kobane (Siria)
Excelentes versos maestro , emotivos y ciertos como la vida misma que siempre nos regala racimos de sueños en flor que en el tiempo se marchitan.
Mi aplauso y un abrazo.
 
Eduardo, no se como estoy en la tierra, ni quién me sacó tan, tan a punto de perecer en el río Pardo,iba con mis padres adoptivos, ¿como pudo ser esto? fue un acto de segundo , "al instante" ya veía el agua verde para tragar, cuando una mano me cogió del pelo para arriba y a respirar,así que como ignorar tu maravilloso poema....¡pasa por desgracia siempre!,un beso,marga
 

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