Introspectivo.
Poeta adicto al portal
No dejaré que la sucia Babilonia
calme su sed con mi sudor.
No dejaré que su imperio triunfe.
Yo todavía creo en el amor.
Se ve a la luz del sol
que babilonia se impregnó
en las paredes de mi ciudad.
Y ahora el almacenero
está enfermo por su mal.
Se ve en las calles de mi ciudad,
donde la gente tira
envoltorios sin pensar.
Yo me pregunto
¿Que estará pasando?
En las pequeñas cosas
está el cambiar.
¿Será nuestra caída inevitable ?
¿O nuestra mente se abrirá?
Y triunfará el amor ...
No dejaré que la sucia Babilonia
calme su sed con mi sudor.
No dejaré que su imperio triunfe.
Yo todavía creo en el amor.
La babilonia se alimenta
de los sueños del hombre bien
ese humilde e inocente
que solo quiere progresar.
Entonces, con mentiras lo convence
y lo obliga a comprar
un mundo que no necesita,
ni que tampoco podrá pagar.
Entonces ella crea bancos
y es incubadora de burócratas
de traje y corbata
grises como las ratas.
Yo me pregunto,
¿en donde quedo el amor?
El otro día lo vi en un niño
charlando con su sabio abuelo,
el otro día en un perro callejero
que me vino a saludar.
Suelo verlo en mi familia
cuando la Tv. no está invitada a cenar.
...Y lo veo en la gente
que trabaja ajeno al capital,
en los que se conforma
con vivir al natural
y no del ficticio cobre material.
No dejaré que la sucia Babilonia
calme su sed con mi sudor.
No dejaré que su imperio triunfe.
Yo todavía creo en el amor.
calme su sed con mi sudor.
No dejaré que su imperio triunfe.
Yo todavía creo en el amor.
Se ve a la luz del sol
que babilonia se impregnó
en las paredes de mi ciudad.
Y ahora el almacenero
está enfermo por su mal.
Se ve en las calles de mi ciudad,
donde la gente tira
envoltorios sin pensar.
Yo me pregunto
¿Que estará pasando?
En las pequeñas cosas
está el cambiar.
¿Será nuestra caída inevitable ?
¿O nuestra mente se abrirá?
Y triunfará el amor ...
No dejaré que la sucia Babilonia
calme su sed con mi sudor.
No dejaré que su imperio triunfe.
Yo todavía creo en el amor.
La babilonia se alimenta
de los sueños del hombre bien
ese humilde e inocente
que solo quiere progresar.
Entonces, con mentiras lo convence
y lo obliga a comprar
un mundo que no necesita,
ni que tampoco podrá pagar.
Entonces ella crea bancos
y es incubadora de burócratas
de traje y corbata
grises como las ratas.
Yo me pregunto,
¿en donde quedo el amor?
El otro día lo vi en un niño
charlando con su sabio abuelo,
el otro día en un perro callejero
que me vino a saludar.
Suelo verlo en mi familia
cuando la Tv. no está invitada a cenar.
...Y lo veo en la gente
que trabaja ajeno al capital,
en los que se conforma
con vivir al natural
y no del ficticio cobre material.
No dejaré que la sucia Babilonia
calme su sed con mi sudor.
No dejaré que su imperio triunfe.
Yo todavía creo en el amor.