Yo pertenezco a un pueblo paciente y noble.
Dicen de nosotros que somos lentos; quizás sean nuestros largos atardeceres los que nos hacen creer que aún es pronto, que aún nos queda tiempo para...casi todo.
Yo pertenezco a un pueblo de profundos y pedregosos barrancos ante los que Unamuno exclamó:
"¡Estos barrancos secos y sedientos, cadáveres de ríos!".
Barrancos de aguas ausentes; como ausente es también su suave rumor, ese del que versan los poetas. Esta carencia nos priva del reflejo de nuestra imagen que, como un espejo, confirmaría nuestra existencia.
Nuestros barrancos tienen anhelos, deseos, sueñan con sentirse ríos alguna vez y esperan el agua como un regalo del cielo, este cielo nuestro de nubes engañosas, nubes que parecen mofarse del campesino con promesas de aguaceros que no cumplen.
Pero a veces, muy de vez en cuando, que surge el milagro, entonces la naturaleza se desata durante días y semanas llueve, llueve, llueve sin parar ,sobre las cumbres mas altas, sobre los valles, sobre las colinas... Las aguas corren tumultuosas descendiendo desenfrenadas por los barrancos cubriendolo todo. Así es como por unos días, nuestros barrancos cumplen su sueño de ser ríos y nuestros niños corren a su lado felices, incrédulos, desafiando el peligro de ser arrastrados.Pero no consiguen verse reflejados en sus turbias aguas, cargadas de lodo, piedras y restos de enseres que arrastran hasta el mar en lo que parece un afán indiscriminado de limpieza.
...En pocos días el barranco se empobrece y de nuevo se vuelve pedregoso, seco,cubierto de ramas secas y de muerte.
Milagrosamente quedan pequeños charcos de aguas limpias y cristalinas donde los niños se sumergen y juegan compartiendo con el barranco su fantasía.
Yo pertenezco a un pueblo paciente y noble...
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