Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Escribo desde esta ciudad en ruinas, desde este edificio en ruinas, desde esta mirada en ruinas, para decir que hay en esta imagen un resto de blandura. Una húmeda tristeza engrisecida en los balcones serios y en las ventanas profundas. En medio de este silencio gris, con su quieta luz emplomada, silenciosamente afable, tan llena de ausencias, envuelta en brumas, escribo emponzoñado de cordura. Escribo para contar que se puede ser soldado de la vida gritando - Amor - aupado a los tanques.
Cuando muere un soldado de la guerra, queda una llaga negra alojada en la bandera y es de noche despacio en las trincheras. Cuando cae un soldado, hay tristeza en los charcos y en la tropa que busca llorando sus albergues. Los sueños que amamos tienen su tumba en la luz que respiran sus ojos marchitos.
Cuando duermen los justos, alguien muere en el campo de batalla mientras los generales fabrican mapas de suicidio. Uno piensa despacio en sus medallas que brillan y son nada, uno piensa y comprende, uno sabe y calla. Pero ahora hablo con la fiebre de un poco de cordura. Ser poeta consiste en ser eso y desear que la sangre no se extienda, porque hay en mi sangre acaso un decilitro de sangre conmovida.
Bueno, dejémonos de cosas, pongamos a raya la melancolía. Un ruido de granadas ha borrado lentamente el poema que estaba a punto de escribir. Podría pensar que todo soy yo, a mí alrededor. Me reconozco entre las balas, entre un pelotón de sueños recién acribillados.
Morimos en silencio, comemos en silencio, nos miramos en silencio, como si hubiésemos aprendido el idioma de los peces. Tenéis que saberlo, aunque suene a otro de mis delirios, hay disparos al aire, puede que hieran a algún ángel exterminador haciendo recados para la imaginación de los soldados. Vive en el aire la conciencia azul de los caídos en el cuerpo a cuerpo. Vive en el aire la atroz melodía que nos devuelven los párpados cuando hemos visto, cara a cara, lo que esconde la mirada del enemigo.
La poesía, pienso, ahora está en este lugar. Hay una transparencia que lastima, hermosa e invisible, bajo el abrigo oculto de un mortero hecho de antimateria.
Camino entre el frío que se desploma de los aviones de combate. Temo eso de lo que hablo, eso de que a veces los versos sean la costura del silencio que ametralla la razón.
Acabo de reconocer a un camarada saliendo de la trinchera, creo que también lleva puesta mi conciencia, como una consigna, como una cita a ciegas con el lanzallamas. Incinerando corazones, incinerando el contenido de los corazones en el campo de batalla, donde gravitan tumbas para todos los días muertos, donde los cuerpos tendidos como ropa se sostienen al filo de la muerte.
Me voy borrando, he elegido desertar como despedida, no conozco la historia que me trajo hasta aquí. En la vida todo lo abro con una llave de niebla, así que dejaré de registrar en mi mente para que mis pensamientos puedan cerrarse.