beso cascada, beso fuente.

Melquiades San Juan

Poeta veterano en MP
Dedicada a mi amigo danie y a su pasión por el realismo mágico.​


Espiábamos por entre los otates de la choza cómo es que la tía Chona daba luz a su primer hijo.

Ahí dentro estaba Zenaida, con el humo de copal blanco inundando la habitación circular, mientras musitaba las palabras: puja, puja; ya viene, ya viene, en la lengua nativa.

Cuando el niño chilló nos fuimos caminando rumbo al río.

Ella iba callada, muy pensativa. De pronto se detuvo y me dijo:

–¡Ya sé cómo nacen los niños!

–¿Cómo? –pregunté.

–Se meten en la panza con el agua, y cuando se vuelven niños ya no salen como pipí.

Llegamos a la orilla del río, ella tomó un poco de agua con el cuenco de sus manos y me dijo:

–No te la tomes, bebe y me la pasas.

Me hizo tenerla en mi boca y luego pasarla a la suya juntando los labios.

Fue una especie de beso cascada, o de beso fuente.

Se la tragó toda y me dijo:

– Ya está, cuando sea el tiempo yo pariré a todos tus hijos.

Yo así lo creí.

Nos tomamos de la mano y miramos a la luna brillar en la noche con un conejo en su vientre de nácar.
 
Dedicada a mi amigo danie y a su pasión por el realismo mágico.​


Espiábamos por entre los otates de la choza cómo es que la tía Chona daba luz a su primer hijo.

Ahí dentro estaba Zenaida, con el humo de copal blanco inundando la habitación circular, mientras musitaba las palabras: puja, puja; ya viene, ya viene, en la lengua nativa.

Cuando el niño chilló nos fuimos caminando rumbo al río.

Ella iba callada, muy pensativa. De pronto se detuvo y me dijo:

–¡Ya sé cómo nacen los niños!

–¿Cómo? –pregunté.

–Se meten en la panza con el agua, y cuando se vuelven niños ya no salen como pipí.

Llegamos a la orilla del río, ella tomó un poco de agua con el cuenco de sus manos y me dijo:

–No te la tomes, bebe y me la pasas.

Me hizo tenerla en mi boca y luego pasarla a la suya juntando los labios.

Fue una especie de beso cascada, o de beso fuente.

Se la tragó toda y me dijo:

– Ya está, cuando sea el tiempo yo pariré a todos tus hijos.

Yo así lo creí.

Nos tomamos de la mano y miramos a la luna brillar en la noche con un conejo en su vientre de nácar.

Gracias por este magnífico y mágico homenaje. Es un bellísimo trabajo.

Tú sabes y lo demuestras poeta.

Gracias, amigo.

Un abrazo grande.
 
Es bellísimo, con ese toque mágico tan tuyo.

Un beso
 

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