Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Despierta nemorosa la espesura,
arrambla fiera boira en la vaguada
sin cauce que limite la zancada
que en humo desdibuja su figura.
Callado el ruiseñor la voz clausura
en yedra que espejea en el relente,
pararon los rumores de la fuente,
migraron los latidos de los robles
que eternos regalaban sus redobles
al ave carpintera ora silente.
Los pasos se revisten de hojarasca
rompiendo las alfombras de verdín,
los frágiles peciolos del jazmín
liberan su blancura cual borrasca.
Y de ese techo inmenso cae lasca
de luna que al menguar lloró luceros,
y níveos deja alcorces y senderos
sin tréboles danzando en sus orillas...
La noche me cubrió de pesadillas
dejando aquí mis versos prisioneros.
El verbo se desliza en negra tinta
y al lienzo da la vida y da la muerte,
no sé si sea buena o mala suerte
armarme con funesta letra encinta.
Gestándose en el miedo el miedo pinta
y grita desatándose salvaje,
no tengo yo en la mano ni un anclaje
que anude mis impulsos y resarza
al alma de la pena que se engarza
atávica horadando su blindaje.
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