nosferatu_moon
Poeta recién llegado
BREVE HISTORIA DEL OLVIDO
Esa tarde hacia más calor que otros días. Ha habido veranos calurosos pero no como este.
Me sentía más acalorado que un pollo rostizado con suéter, el aire que se calentaba con las láminas del techo, no me dejaba respirar.
Termine por apagar el ventilador que tenía en frente de mí porque solo aventaba aire caliente y hacia que aumentara mi desesperación.
La cerveza que había sacado del refrigerador hacia 5 minutos y que me parecía una parte del paraíso dentro de mi boca, ahora solo era una tortura amarga, calentada a 30° centígrados. Al intentar tomarla mi paladar grito y mi lengua se erizo: ¡piedad!- gritaron mis papilas gustativas.
El reloj se movía trabajosamente, mis ojos se resecaban, el alma se me quebraba.
Veía la tv, en un intento desesperado por escapar de aquella cruda y caliente realidad; le daba vuelta a los canales y me concentre en un documental de pingüinos. Empezaba aquedarme dormido en aquel maloliente sillón con mis ideas perdidas en ebullición, cuando de repente, escuche el llanto de los hijos de mi vecina; mi vecina la que trabaja de noche, no sé muy bien de qué y nunca me ha interesado menos ahora que tengo atravesados los pingüinos, el sueño y este maldito calor.
Intente dormir nuevamente pero escuchaba los llantos mas y mas fuerte. Sin más opción y a regañadientes me levante, fui hacia la ventana y al abrirla sentí un calor seco, intenso como caldero del infierno y ahí estaba parada frente a mi ventana: la vecina, regañando a sus hijos y agarrándolos de muy mala gana.
Después de darle un golpe a su hijo el más grande y jalonear al más pequeño, noto mi presencia; me miro con sus ojos de búho, hinchados secos y hasta tristes; me sonrió, yo sin decir palabra alguna solo voltee hacia otro lado, me daba sed el solo pensar en hablar, solo para chocar de frente con otra realidad: la calle era solo una película triste de la vida real, los niños regresaban de la escuela con sus madres platicando entre ellas, los perros huesudos y pulgosos, iban y venían buscando sombra o agua o algo.
Algunos carros pasan levantando polvo y yo mejor cerré la ventana; afuera es aun más deprimente que adentro.
La televisión no deja de hablar de pingüinos y los hijos de la vecina no dejan de llorar-¡maldita sea mi suerte! porque habiendo 30 casas en esta maldita calle polvorienta, porque tiene que maltratar a sus hijos frente a mi ventana.
Y ahora ¿Qué hago? , ¡Estoy mortalmente aburrido!, quiero matar el tiempo antes de que él me mate a mí. Miro el reloj y el sonido de sus manecillas resuena en mi cabeza como si fuera a reventarme el cerebro.
Siento que el aire caliente me empieza a fundir las neuronas, prendo el radio y la televisión sigue hablando de los estúpidos pingüinos; ahora parece que la tv y el radio ¡hablan y se contestan!
Entonces rio un poco del asunto y pienso: es cierto, se me están fundiendo las neuronas. Apague la tv.Solo queda encendido el radio, lenta y trabajosamente me escurro entre mis recuerdos: escucho un maullido y recuerdo que tenía un gato, escucho una canción y recuerdo que tenía una novia. Casi al borde de las lagrimas voy por otra cerveza del refrigerador después de todo era mejor ahogarme en cerveza que de tristeza.
El hedor de mis pantalones me recuerda que no me he bañado ni pienso hacerlo, me da comezón hasta mi sombra. No han pasado ni 5 minutos y mi cerveza ya está caliente otra vez esta vez me la tome que más da.
Por fin me quedo dormido. Despierto y voy al baño, sonrío pues ya no siento ese maldito calor, abro la llave del agua y me lavo la cara, un escalofrió recorre mi espina dorsal: volteo al espejo y ¡no hay nada! Mi reflejo no está literalmente.
Entonces, despacio, me digo:despierta es solo un sueño; pero volteo y ahí estoy en el sillón, con aquel pantalón maloliente, con aquella cerveza caliente y con mi corazón frio.
Ahora lo recuerdo todo: me gusta la cerveza fría y el corazón caliente, ahora lo recuerdo todo ¡ya estoy muerto!
Esa tarde hacia más calor que otros días. Ha habido veranos calurosos pero no como este.
Me sentía más acalorado que un pollo rostizado con suéter, el aire que se calentaba con las láminas del techo, no me dejaba respirar.
Termine por apagar el ventilador que tenía en frente de mí porque solo aventaba aire caliente y hacia que aumentara mi desesperación.
La cerveza que había sacado del refrigerador hacia 5 minutos y que me parecía una parte del paraíso dentro de mi boca, ahora solo era una tortura amarga, calentada a 30° centígrados. Al intentar tomarla mi paladar grito y mi lengua se erizo: ¡piedad!- gritaron mis papilas gustativas.
El reloj se movía trabajosamente, mis ojos se resecaban, el alma se me quebraba.
Veía la tv, en un intento desesperado por escapar de aquella cruda y caliente realidad; le daba vuelta a los canales y me concentre en un documental de pingüinos. Empezaba aquedarme dormido en aquel maloliente sillón con mis ideas perdidas en ebullición, cuando de repente, escuche el llanto de los hijos de mi vecina; mi vecina la que trabaja de noche, no sé muy bien de qué y nunca me ha interesado menos ahora que tengo atravesados los pingüinos, el sueño y este maldito calor.
Intente dormir nuevamente pero escuchaba los llantos mas y mas fuerte. Sin más opción y a regañadientes me levante, fui hacia la ventana y al abrirla sentí un calor seco, intenso como caldero del infierno y ahí estaba parada frente a mi ventana: la vecina, regañando a sus hijos y agarrándolos de muy mala gana.
Después de darle un golpe a su hijo el más grande y jalonear al más pequeño, noto mi presencia; me miro con sus ojos de búho, hinchados secos y hasta tristes; me sonrió, yo sin decir palabra alguna solo voltee hacia otro lado, me daba sed el solo pensar en hablar, solo para chocar de frente con otra realidad: la calle era solo una película triste de la vida real, los niños regresaban de la escuela con sus madres platicando entre ellas, los perros huesudos y pulgosos, iban y venían buscando sombra o agua o algo.
Algunos carros pasan levantando polvo y yo mejor cerré la ventana; afuera es aun más deprimente que adentro.
La televisión no deja de hablar de pingüinos y los hijos de la vecina no dejan de llorar-¡maldita sea mi suerte! porque habiendo 30 casas en esta maldita calle polvorienta, porque tiene que maltratar a sus hijos frente a mi ventana.
Y ahora ¿Qué hago? , ¡Estoy mortalmente aburrido!, quiero matar el tiempo antes de que él me mate a mí. Miro el reloj y el sonido de sus manecillas resuena en mi cabeza como si fuera a reventarme el cerebro.
Siento que el aire caliente me empieza a fundir las neuronas, prendo el radio y la televisión sigue hablando de los estúpidos pingüinos; ahora parece que la tv y el radio ¡hablan y se contestan!
Entonces rio un poco del asunto y pienso: es cierto, se me están fundiendo las neuronas. Apague la tv.Solo queda encendido el radio, lenta y trabajosamente me escurro entre mis recuerdos: escucho un maullido y recuerdo que tenía un gato, escucho una canción y recuerdo que tenía una novia. Casi al borde de las lagrimas voy por otra cerveza del refrigerador después de todo era mejor ahogarme en cerveza que de tristeza.
El hedor de mis pantalones me recuerda que no me he bañado ni pienso hacerlo, me da comezón hasta mi sombra. No han pasado ni 5 minutos y mi cerveza ya está caliente otra vez esta vez me la tome que más da.
Por fin me quedo dormido. Despierto y voy al baño, sonrío pues ya no siento ese maldito calor, abro la llave del agua y me lavo la cara, un escalofrió recorre mi espina dorsal: volteo al espejo y ¡no hay nada! Mi reflejo no está literalmente.
Entonces, despacio, me digo:despierta es solo un sueño; pero volteo y ahí estoy en el sillón, con aquel pantalón maloliente, con aquella cerveza caliente y con mi corazón frio.
Ahora lo recuerdo todo: me gusta la cerveza fría y el corazón caliente, ahora lo recuerdo todo ¡ya estoy muerto!