Armando Gómez
Poeta recién llegado
Brisa y neblina conectan con el vértice marrón, intento de un barroco que quedó en el orinal que no pudo ser pared.
Una ceniza fugitiva toca el suelo, y se apaga con la espontaneidad del individuo extraído de su propio estado consciente, que en su insensatez natural busca la pureza determinante del idioma que reconstruye escenas que abrazan la utopía, mientras se diluyen en la realidad diamantina del no ser.Que reactuva con la conversación de algún ente que transite esa esquina arqueológica que, corroida por las penas insalubres que cuentan horas, y esperanzada por las horas lúcidas que cuentas penas, parece quieta, pero tiene un movimiento espiral de estación surrealista.
Con rumbo hacía una tarde de frío aguantable, donde un café caliente y una vivacidad palpable, ensamblan el olor de una calurosa tarde de trayectos enmarcados. Marcos de ideas sinceras, profundas y calurosas, como corte de bisturí en la costa a las 12:00a.m
Trayectos gramaticales que le pongan freno de mano al movimiento dialéctico, y que con una pizca de meses de introspección anti-narcisita, anti-pop, "anti-autotésis", se diluya la neblina pastosa de la inconciencia.
Y con el campo visual y semántico recién cortado, verde y liso como meza de billar, logra visualizar en la entrada de esa hermosa casa del ayer, una casita miniatura de esas que mimetizan supuestos hogares del polo norte.
Un adorno viejo de diciembre, mostrándose como el único tinte navideño en nuestra conciencia negra, que se desvive por encontrar el tono transparente.
En grado solamente, mucho menos transparente que la ventana hacia la dimensión del empírico sentir, polarización de la aurora boreal del mentalismo, un cigarro de oxígeno y mercurio en el pulmón del dios del intercambio literario.
Cielo comprimido en una choza indígena, donde un ermitaño condenado al amor a la expresión tortuosa y asqueada del muerto viviente,vocifera textos, traducidos a quejas de un lobo en su estepa, aburrido del silencio amigo, como un zombie que hace bulla al recordar que tiene que cenar cesos.
Salario reducido a cero, en lo último de su balance le da valor al vivo transitar del mundo, como fango con estiércoll que es felxible y se impregna, pero sirve de recuerdo de la mancha fugaz que venimos a cumplir, por eso hay que bailar en el barro, como artesano que encuentra herramienta infinita para su obra nunca digna, siempre magna.Vaciandose en la soledad de un espacio físico que cumplió la travesura de la existencia, y el honor de amor por llenar un vacío que nunca se llena.
Una ceniza fugitiva toca el suelo, y se apaga con la espontaneidad del individuo extraído de su propio estado consciente, que en su insensatez natural busca la pureza determinante del idioma que reconstruye escenas que abrazan la utopía, mientras se diluyen en la realidad diamantina del no ser.Que reactuva con la conversación de algún ente que transite esa esquina arqueológica que, corroida por las penas insalubres que cuentan horas, y esperanzada por las horas lúcidas que cuentas penas, parece quieta, pero tiene un movimiento espiral de estación surrealista.
Con rumbo hacía una tarde de frío aguantable, donde un café caliente y una vivacidad palpable, ensamblan el olor de una calurosa tarde de trayectos enmarcados. Marcos de ideas sinceras, profundas y calurosas, como corte de bisturí en la costa a las 12:00a.m
Trayectos gramaticales que le pongan freno de mano al movimiento dialéctico, y que con una pizca de meses de introspección anti-narcisita, anti-pop, "anti-autotésis", se diluya la neblina pastosa de la inconciencia.
Y con el campo visual y semántico recién cortado, verde y liso como meza de billar, logra visualizar en la entrada de esa hermosa casa del ayer, una casita miniatura de esas que mimetizan supuestos hogares del polo norte.
Un adorno viejo de diciembre, mostrándose como el único tinte navideño en nuestra conciencia negra, que se desvive por encontrar el tono transparente.
En grado solamente, mucho menos transparente que la ventana hacia la dimensión del empírico sentir, polarización de la aurora boreal del mentalismo, un cigarro de oxígeno y mercurio en el pulmón del dios del intercambio literario.
Cielo comprimido en una choza indígena, donde un ermitaño condenado al amor a la expresión tortuosa y asqueada del muerto viviente,vocifera textos, traducidos a quejas de un lobo en su estepa, aburrido del silencio amigo, como un zombie que hace bulla al recordar que tiene que cenar cesos.
Salario reducido a cero, en lo último de su balance le da valor al vivo transitar del mundo, como fango con estiércoll que es felxible y se impregna, pero sirve de recuerdo de la mancha fugaz que venimos a cumplir, por eso hay que bailar en el barro, como artesano que encuentra herramienta infinita para su obra nunca digna, siempre magna.Vaciandose en la soledad de un espacio físico que cumplió la travesura de la existencia, y el honor de amor por llenar un vacío que nunca se llena.