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Caballero de fantasía

Arkeidos

Poeta que considera el portal su segunda casa
Un caballero de fantasía,
soñé que lo era.

Y anduve errante en los caminos antiguos.
Con mis pies ligeros marcaba nuevos senderos
tan distantes y prófugos de lo razonable,
saliendo de esta realidad humana.

Acechaba dimensiones irreales,
invadía espacios espaciosos y esparcidos en kilómetros de nada,
ahuyentando al fantasma de la soledad.

Pero me di cuenta que jamás huyo, se pego a mí como una sombra,
porque le gusto tanto mi aroma a melancolía.

Regrese del universo estelar
al mundo terrestre, por un puente.

Y me perdí entre los deshumanizados,
los ignore y me hundí en los ríos del silencio
visitando todas las cimas del mundo,
caminando por todos los mares del mundo,
contemplando la prolongada supremacía de la sabiduría
que flota en la altísima altura de la pureza de las almas.

Atravesé túneles profundos,
Me perdí en las eras de los tiempos,
y fue encantado por la voz de una figura celestial
cuya apariencia angelical es y sera de aqui hasta la eternidad, divina.

Caí en un profundo sueño
del cual no desee despertar jamás.
Entonces fui despertado
por el clamor de mil almas atormentadas
y recordé mi sufrimiento, el que nadie conoce,
aquel muy dentro de mi mente, refugiado en cada neurona.

Baje dispuesto a luchar, enraizado en la cólera más temible,
y me auto nombre: cazador de monstruos, de fieras y demonios.
Estaba armado con una espada y un escudo de madera.
La armadura de mi cuerpo era de papel acartonado.

Visitaba aldeas desoladas, y reinos en ruinas,
liberando a los afligidos de sus demonios,
y a la vez me liberaba a mí, de los propios.

Intente conquistar damas enloquecidas por el tiempo,
quien les habia robado su juventud,
dejándolas solas como diosas marchitas,
vigilantes de los días soleados, llenos de profunda tristeza,
clamando a extraños viajeros las lleven consigo
y las abandonen en un sueño galáctico.

En mis ojos hondos como el vacio inmenso, llevo todas sus almas
más no sus cuerpos, un buen sitio les encontrare
en mi fantástica irrealidad.

Vivirán en un sueño eterno, cargado de placeres sensoriales
y nunca de los nunca conocerán mas la tristeza.
La alegría será su único gozo, de aquí a la eternidad.

Acudí al rescate de damas aprisionadas en castillos viejos,
apesumbrados de sombras y laberintos de telarañas.

Me abrí paso entre racimos de arbustos y ramas altísimas,
con mi espada quebrantaba todos los obstáculos.

Hubo una en especial, de mirada sensata y dulce,
de piel diamante y cabellos de plata,
y como olvidar su sonrisa que era capaz de derretir corazones.

Entonces apareció el dragón de fuego rojo
y escupió torrentes de llamas sobre mí.
Mi escudo me protegió
y no se rompió en pedazos,
al igual que mi espada no reventaba en palillos,
porque mi espada y mi escudo resplandecían
por la luminosidad que mora
en la fuente de mi alma,
cuya luz reverbera hasta el infinito de toda paz y esperanza,
clamando día y noche con lágrimas
y llanto aferrado a una sola verdad:
morir para vivir,
resucitar para renacer
en un hombre mejor.

Vencí al monstruo que era reflejo de mis pesares.

La dama estallo en alegrías robustas
cuando abrí su celda de oro.
Me entregaba el placer de su carne,
el gozo de sus labios envinados.

Y yo….me perdí en el horizonte
contemplando un lucero encantador.

Fui tras el brillo imperecedero,
en la esencia de mi alma inquieta,
abandonando mi cuerpo a merced del dragón,
quien se sacudió la muerte de sus entrañas,
y revivió más fuerte,
tragándose mi cuerpo y quizás también a la dama,
quien por cierto era una princesa.

Y yo nunca voltee hacia atrás,
ni siquiera para ver sus huesos ni los míos,
atorados entre sus gigantes colmillos afilados.

Porque me vestí de altura espiritual,
incrementándose mí vuelo hacia las estrellas,
donde la luz fluye,
y pensé:
“quien necesita un cuerpo
cuando tengo una alma liviana con la cual volar,
por mi mundo personal,
por mi universo particular,
sembrado torres de luciérnagas,
vigías de mi cosecha de sueños
cual poemario de una mente bizarra”


 
Última edición:
Un caballero de fantasía,
soñé que lo era.

Y anduve errante en los caminos antiguos.
Con mis pies ligeros marcaba nuevos senderos
tan distantes y prófugos de lo razonable,
saliendo de esta realidad humana.

Acechaba dimensiones irreales,
invadía espacios espaciosos y esparcidos en kilómetros de nada,
ahuyentando al fantasma de la soledad.

Pero me di cuenta que jamás huyo, se pego a mí como una sombra,
porque le gusto tanto mi aroma a melancolía.

Regrese del universo estelar
al mundo terrestre, por un puente.

Y me perdí entre los deshumanizados,
los ignore y me hundí en los ríos del silencio
visitando todas las cimas del mundo,
caminando por todos los mares del mundo,
contemplando la prolongada supremacía de la sabiduría
que flota en la altísima altura de la pureza de las almas.

Atravesé túneles profundos,
Me perdí en las eras de los tiempos,
y fue encantado por la voz de una figura celestial
cuya apariencia angelical es y sera de aqui hasta la eternidad, divina.

Caí en un profundo sueño
del cual no desee despertar jamás.
Entonces fui despertado
por el clamor de mil almas atormentadas
y recordé mi sufrimiento, el que nadie conoce,
aquel muy dentro de mi mente, refugiado en cada neurona.

Baje dispuesto a luchar, enraizado en la cólera más temible,
y me auto nombre: cazador de monstruos, de fieras y demonios.
Estaba armado con una espada y un escudo de madera.
La armadura de mi cuerpo era de papel acartonado.

Visitaba aldeas desoladas, y reinos en ruinas,
liberando a los afligidos de sus demonios,
y a la vez me liberaba a mí, de los propios.

Intente conquistar damas enloquecidas por el tiempo,
que les habia robado su juventud,
dejándolas solas como diosas marchitas,
vigilantes de los días soleados, llenos de profunda tristeza,
clamando a extraños viajeros las lleven consigo
y las abandonen en un sueño galáctico.

En mis ojos hondos como el vacio inmenso, llevo todas sus almas
más no sus cuerpos, un buen sitio les encontrare
en mi fantástica irrealidad.

Vivirán en un sueño eterno, cargado de placeres sensoriales
y nunca de los nunca conocerán mas la tristeza.
La alegría será su único gozo, de aquí a la eternidad.

Acudí al rescate de damas aprisionadas en castillos viejos,
apesumbrados de sombras y laberintos de telarañas.

Me abrí paso entre racimos de arbustos y ramas altísimas,
con mi espada quebrantaba todos los obstáculos.

Hubo una en especial, de mirada sensata y dulce,
de piel diamante y cabellos de plata,
y como olvidar su sonrisa que era capaz de derretir corazones.

Entonces apareció el dragón de fuego rojo
y escupió torrentes de llamas sobre mí.
Mi escudo me protegió
y no se rompió en pedazos,
al igual que mi espada no reventaba en palillos,
porque mi espada y mi escudo resplandecían
por la luminosidad que mora
en la fuente de mi alma,
cuya luz reverbera hasta el infinito de toda paz y esperanza,
clamando día y noche con lágrimas
y llanto aferrado a una sola verdad:
morir para vivir,
resucitar para renacer
en un hombre mejor.

Vencí al monstruo que era reflejo de mis pesares.

La dama estallo en alegrías robustas
cuando abrí su celda de oro.
Me entregaba el placer de su carne,
el gozo de sus labios envinados.

Y yo….me perdí en el horizonte
contemplando un lucero encantador.

Fui tras el brillo imperecedero,
en la esencia de mi alma inquieta,
abandonando mi cuerpo a merced del dragón,
quien se sacudió la muerte de sus entrañas,
y revivió más fuerte,
tragándose mi cuerpo y quizás también a la dama,
quien por cierto era una princesa.

Y yo nunca voltee hacia atrás,
ni siquiera para ver sus huesos ni los míos,
atorados entre sus gigantes colmillos afilados.

Porque me vestí de altura espiritual,
incrementándose mí vuelo hacia las estrellas,
donde la luz fluye,
y pensé:
“quien necesita un cuerpo
cuando tengo una alma liviana con la cual volar,
por mi mundo personal,
por mi universo particular,
sembrado torres de luciérnagas,
vigías de mi cosecha de sueños
cual poemario de una mente bizarra”


Caramba hermano !! Usted se recorre el espacio y se adentra en lugares sorprendentes, déjeme una de esas musas que aquí se le tratará como princesa !! Un fuerte abraso poeta del tiempo y el espacio.
 
Un caballero de fantasía,
soñé que lo era.

Y anduve errante en los caminos antiguos.
Con mis pies ligeros marcaba nuevos senderos
tan distantes y prófugos de lo razonable,
saliendo de esta realidad humana.

Acechaba dimensiones irreales,
invadía espacios espaciosos y esparcidos en kilómetros de nada,
ahuyentando al fantasma de la soledad.

Pero me di cuenta que jamás huyo, se pego a mí como una sombra,
porque le gusto tanto mi aroma a melancolía.

Regrese del universo estelar
al mundo terrestre, por un puente.

Y me perdí entre los deshumanizados,
los ignore y me hundí en los ríos del silencio
visitando todas las cimas del mundo,
caminando por todos los mares del mundo,
contemplando la prolongada supremacía de la sabiduría
que flota en la altísima altura de la pureza de las almas.

Atravesé túneles profundos,
Me perdí en las eras de los tiempos,
y fue encantado por la voz de una figura celestial
cuya apariencia angelical es y sera de aqui hasta la eternidad, divina.

Caí en un profundo sueño
del cual no desee despertar jamás.
Entonces fui despertado
por el clamor de mil almas atormentadas
y recordé mi sufrimiento, el que nadie conoce,
aquel muy dentro de mi mente, refugiado en cada neurona.

Baje dispuesto a luchar, enraizado en la cólera más temible,
y me auto nombre: cazador de monstruos, de fieras y demonios.
Estaba armado con una espada y un escudo de madera.
La armadura de mi cuerpo era de papel acartonado.

Visitaba aldeas desoladas, y reinos en ruinas,
liberando a los afligidos de sus demonios,
y a la vez me liberaba a mí, de los propios.

Intente conquistar damas enloquecidas por el tiempo,
quien les habia robado su juventud,
dejándolas solas como diosas marchitas,
vigilantes de los días soleados, llenos de profunda tristeza,
clamando a extraños viajeros las lleven consigo
y las abandonen en un sueño galáctico.

En mis ojos hondos como el vacio inmenso, llevo todas sus almas
más no sus cuerpos, un buen sitio les encontrare
en mi fantástica irrealidad.

Vivirán en un sueño eterno, cargado de placeres sensoriales
y nunca de los nunca conocerán mas la tristeza.
La alegría será su único gozo, de aquí a la eternidad.

Acudí al rescate de damas aprisionadas en castillos viejos,
apesumbrados de sombras y laberintos de telarañas.

Me abrí paso entre racimos de arbustos y ramas altísimas,
con mi espada quebrantaba todos los obstáculos.

Hubo una en especial, de mirada sensata y dulce,
de piel diamante y cabellos de plata,
y como olvidar su sonrisa que era capaz de derretir corazones.

Entonces apareció el dragón de fuego rojo
y escupió torrentes de llamas sobre mí.
Mi escudo me protegió
y no se rompió en pedazos,
al igual que mi espada no reventaba en palillos,
porque mi espada y mi escudo resplandecían
por la luminosidad que mora
en la fuente de mi alma,
cuya luz reverbera hasta el infinito de toda paz y esperanza,
clamando día y noche con lágrimas
y llanto aferrado a una sola verdad:
morir para vivir,
resucitar para renacer
en un hombre mejor.

Vencí al monstruo que era reflejo de mis pesares.

La dama estallo en alegrías robustas
cuando abrí su celda de oro.
Me entregaba el placer de su carne,
el gozo de sus labios envinados.

Y yo….me perdí en el horizonte
contemplando un lucero encantador.

Fui tras el brillo imperecedero,
en la esencia de mi alma inquieta,
abandonando mi cuerpo a merced del dragón,
quien se sacudió la muerte de sus entrañas,
y revivió más fuerte,
tragándose mi cuerpo y quizás también a la dama,
quien por cierto era una princesa.

Y yo nunca voltee hacia atrás,
ni siquiera para ver sus huesos ni los míos,
atorados entre sus gigantes colmillos afilados.

Porque me vestí de altura espiritual,
incrementándose mí vuelo hacia las estrellas,
donde la luz fluye,
y pensé:
“quien necesita un cuerpo
cuando tengo una alma liviana con la cual volar,
por mi mundo personal,
por mi universo particular,
sembrado torres de luciérnagas,
vigías de mi cosecha de sueños
cual poemario de una mente bizarra”


Sufrimientos que quedan solo para nosotros, los cuales nos llevan a vivir en un constante cambio mientras el alma descansa , muy grato leer tu melancolía Caballero de Fantasía. Saludos hasta la Perla Tapatía.
 
Caramba hermano !! Usted se recorre el espacio y se adentra en lugares sorprendentes, déjeme una de esas musas que aquí se le tratará como princesa !! Un fuerte abraso poeta del tiempo y el espacio.
Agradezco tu grata presencia amigo...bendiciones estimado poeta.
 
Un caballero de fantasía,
soñé que lo era.

Y anduve errante en los caminos antiguos.
Con mis pies ligeros marcaba nuevos senderos
tan distantes y prófugos de lo razonable,
saliendo de esta realidad humana.

Acechaba dimensiones irreales,
invadía espacios espaciosos y esparcidos en kilómetros de nada,
ahuyentando al fantasma de la soledad.

Pero me di cuenta que jamás huyo, se pego a mí como una sombra,
porque le gusto tanto mi aroma a melancolía.

Regrese del universo estelar
al mundo terrestre, por un puente.

Y me perdí entre los deshumanizados,
los ignore y me hundí en los ríos del silencio
visitando todas las cimas del mundo,
caminando por todos los mares del mundo,
contemplando la prolongada supremacía de la sabiduría
que flota en la altísima altura de la pureza de las almas.

Atravesé túneles profundos,
Me perdí en las eras de los tiempos,
y fue encantado por la voz de una figura celestial
cuya apariencia angelical es y sera de aqui hasta la eternidad, divina.

Caí en un profundo sueño
del cual no desee despertar jamás.
Entonces fui despertado
por el clamor de mil almas atormentadas
y recordé mi sufrimiento, el que nadie conoce,
aquel muy dentro de mi mente, refugiado en cada neurona.

Baje dispuesto a luchar, enraizado en la cólera más temible,
y me auto nombre: cazador de monstruos, de fieras y demonios.
Estaba armado con una espada y un escudo de madera.
La armadura de mi cuerpo era de papel acartonado.

Visitaba aldeas desoladas, y reinos en ruinas,
liberando a los afligidos de sus demonios,
y a la vez me liberaba a mí, de los propios.

Intente conquistar damas enloquecidas por el tiempo,
quien les habia robado su juventud,
dejándolas solas como diosas marchitas,
vigilantes de los días soleados, llenos de profunda tristeza,
clamando a extraños viajeros las lleven consigo
y las abandonen en un sueño galáctico.

En mis ojos hondos como el vacio inmenso, llevo todas sus almas
más no sus cuerpos, un buen sitio les encontrare
en mi fantástica irrealidad.

Vivirán en un sueño eterno, cargado de placeres sensoriales
y nunca de los nunca conocerán mas la tristeza.
La alegría será su único gozo, de aquí a la eternidad.

Acudí al rescate de damas aprisionadas en castillos viejos,
apesumbrados de sombras y laberintos de telarañas.

Me abrí paso entre racimos de arbustos y ramas altísimas,
con mi espada quebrantaba todos los obstáculos.

Hubo una en especial, de mirada sensata y dulce,
de piel diamante y cabellos de plata,
y como olvidar su sonrisa que era capaz de derretir corazones.

Entonces apareció el dragón de fuego rojo
y escupió torrentes de llamas sobre mí.
Mi escudo me protegió
y no se rompió en pedazos,
al igual que mi espada no reventaba en palillos,
porque mi espada y mi escudo resplandecían
por la luminosidad que mora
en la fuente de mi alma,
cuya luz reverbera hasta el infinito de toda paz y esperanza,
clamando día y noche con lágrimas
y llanto aferrado a una sola verdad:
morir para vivir,
resucitar para renacer
en un hombre mejor.

Vencí al monstruo que era reflejo de mis pesares.

La dama estallo en alegrías robustas
cuando abrí su celda de oro.
Me entregaba el placer de su carne,
el gozo de sus labios envinados.

Y yo….me perdí en el horizonte
contemplando un lucero encantador.

Fui tras el brillo imperecedero,
en la esencia de mi alma inquieta,
abandonando mi cuerpo a merced del dragón,
quien se sacudió la muerte de sus entrañas,
y revivió más fuerte,
tragándose mi cuerpo y quizás también a la dama,
quien por cierto era una princesa.

Y yo nunca voltee hacia atrás,
ni siquiera para ver sus huesos ni los míos,
atorados entre sus gigantes colmillos afilados.

Porque me vestí de altura espiritual,
incrementándose mí vuelo hacia las estrellas,
donde la luz fluye,
y pensé:
“quien necesita un cuerpo
cuando tengo una alma liviana con la cual volar,
por mi mundo personal,
por mi universo particular,
sembrado torres de luciérnagas,
vigías de mi cosecha de sueños
cual poemario de una mente bizarra”


Felicidades por una construcción fantástica, simbólica, y con u discurrir prolongado!! Felicidades
 
Un caballero de fantasía,
soñé que lo era.

Y anduve errante en los caminos antiguos.
Con mis pies ligeros marcaba nuevos senderos
tan distantes y prófugos de lo razonable,
saliendo de esta realidad humana.

Acechaba dimensiones irreales,
invadía espacios espaciosos y esparcidos en kilómetros de nada,
ahuyentando al fantasma de la soledad.

Pero me di cuenta que jamás huyo, se pego a mí como una sombra,
porque le gusto tanto mi aroma a melancolía.

Regrese del universo estelar
al mundo terrestre, por un puente.

Y me perdí entre los deshumanizados,
los ignore y me hundí en los ríos del silencio
visitando todas las cimas del mundo,
caminando por todos los mares del mundo,
contemplando la prolongada supremacía de la sabiduría
que flota en la altísima altura de la pureza de las almas.

Atravesé túneles profundos,
Me perdí en las eras de los tiempos,
y fue encantado por la voz de una figura celestial
cuya apariencia angelical es y sera de aqui hasta la eternidad, divina.

Caí en un profundo sueño
del cual no desee despertar jamás.
Entonces fui despertado
por el clamor de mil almas atormentadas
y recordé mi sufrimiento, el que nadie conoce,
aquel muy dentro de mi mente, refugiado en cada neurona.

Baje dispuesto a luchar, enraizado en la cólera más temible,
y me auto nombre: cazador de monstruos, de fieras y demonios.
Estaba armado con una espada y un escudo de madera.
La armadura de mi cuerpo era de papel acartonado.

Visitaba aldeas desoladas, y reinos en ruinas,
liberando a los afligidos de sus demonios,
y a la vez me liberaba a mí, de los propios.

Intente conquistar damas enloquecidas por el tiempo,
quien les habia robado su juventud,
dejándolas solas como diosas marchitas,
vigilantes de los días soleados, llenos de profunda tristeza,
clamando a extraños viajeros las lleven consigo
y las abandonen en un sueño galáctico.

En mis ojos hondos como el vacio inmenso, llevo todas sus almas
más no sus cuerpos, un buen sitio les encontrare
en mi fantástica irrealidad.

Vivirán en un sueño eterno, cargado de placeres sensoriales
y nunca de los nunca conocerán mas la tristeza.
La alegría será su único gozo, de aquí a la eternidad.

Acudí al rescate de damas aprisionadas en castillos viejos,
apesumbrados de sombras y laberintos de telarañas.

Me abrí paso entre racimos de arbustos y ramas altísimas,
con mi espada quebrantaba todos los obstáculos.

Hubo una en especial, de mirada sensata y dulce,
de piel diamante y cabellos de plata,
y como olvidar su sonrisa que era capaz de derretir corazones.

Entonces apareció el dragón de fuego rojo
y escupió torrentes de llamas sobre mí.
Mi escudo me protegió
y no se rompió en pedazos,
al igual que mi espada no reventaba en palillos,
porque mi espada y mi escudo resplandecían
por la luminosidad que mora
en la fuente de mi alma,
cuya luz reverbera hasta el infinito de toda paz y esperanza,
clamando día y noche con lágrimas
y llanto aferrado a una sola verdad:
morir para vivir,
resucitar para renacer
en un hombre mejor.

Vencí al monstruo que era reflejo de mis pesares.

La dama estallo en alegrías robustas
cuando abrí su celda de oro.
Me entregaba el placer de su carne,
el gozo de sus labios envinados.

Y yo….me perdí en el horizonte
contemplando un lucero encantador.

Fui tras el brillo imperecedero,
en la esencia de mi alma inquieta,
abandonando mi cuerpo a merced del dragón,
quien se sacudió la muerte de sus entrañas,
y revivió más fuerte,
tragándose mi cuerpo y quizás también a la dama,
quien por cierto era una princesa.

Y yo nunca voltee hacia atrás,
ni siquiera para ver sus huesos ni los míos,
atorados entre sus gigantes colmillos afilados.

Porque me vestí de altura espiritual,
incrementándose mí vuelo hacia las estrellas,
donde la luz fluye,
y pensé:
“quien necesita un cuerpo
cuando tengo una alma liviana con la cual volar,
por mi mundo personal,
por mi universo particular,
sembrado torres de luciérnagas,
vigías de mi cosecha de sueños
cual poemario de una mente bizarra”




Maravilloso encuentro con si mismo Arkeidos, un sueño que he vivido paso a paso en sus altos y bajos aconteceres, excelente expectativas se van hilando dejando un un profundo mensaje del ser interior.
Un verdadero placer encontrarte en ese caballero de fantasía. Saludinesss
 
Un caballero de fantasía,
soñé que lo era.

Y anduve errante en los caminos antiguos.
Con mis pies ligeros marcaba nuevos senderos
tan distantes y prófugos de lo razonable,
saliendo de esta realidad humana.

Acechaba dimensiones irreales,
invadía espacios espaciosos y esparcidos en kilómetros de nada,
ahuyentando al fantasma de la soledad.

Pero me di cuenta que jamás huyo, se pego a mí como una sombra,
porque le gusto tanto mi aroma a melancolía.

Regrese del universo estelar
al mundo terrestre, por un puente.

Y me perdí entre los deshumanizados,
los ignore y me hundí en los ríos del silencio
visitando todas las cimas del mundo,
caminando por todos los mares del mundo,
contemplando la prolongada supremacía de la sabiduría
que flota en la altísima altura de la pureza de las almas.

Atravesé túneles profundos,
Me perdí en las eras de los tiempos,
y fue encantado por la voz de una figura celestial
cuya apariencia angelical es y sera de aqui hasta la eternidad, divina.

Caí en un profundo sueño
del cual no desee despertar jamás.
Entonces fui despertado
por el clamor de mil almas atormentadas
y recordé mi sufrimiento, el que nadie conoce,
aquel muy dentro de mi mente, refugiado en cada neurona.

Baje dispuesto a luchar, enraizado en la cólera más temible,
y me auto nombre: cazador de monstruos, de fieras y demonios.
Estaba armado con una espada y un escudo de madera.
La armadura de mi cuerpo era de papel acartonado.

Visitaba aldeas desoladas, y reinos en ruinas,
liberando a los afligidos de sus demonios,
y a la vez me liberaba a mí, de los propios.

Intente conquistar damas enloquecidas por el tiempo,
quien les habia robado su juventud,
dejándolas solas como diosas marchitas,
vigilantes de los días soleados, llenos de profunda tristeza,
clamando a extraños viajeros las lleven consigo
y las abandonen en un sueño galáctico.

En mis ojos hondos como el vacio inmenso, llevo todas sus almas
más no sus cuerpos, un buen sitio les encontrare
en mi fantástica irrealidad.

Vivirán en un sueño eterno, cargado de placeres sensoriales
y nunca de los nunca conocerán mas la tristeza.
La alegría será su único gozo, de aquí a la eternidad.

Acudí al rescate de damas aprisionadas en castillos viejos,
apesumbrados de sombras y laberintos de telarañas.

Me abrí paso entre racimos de arbustos y ramas altísimas,
con mi espada quebrantaba todos los obstáculos.

Hubo una en especial, de mirada sensata y dulce,
de piel diamante y cabellos de plata,
y como olvidar su sonrisa que era capaz de derretir corazones.

Entonces apareció el dragón de fuego rojo
y escupió torrentes de llamas sobre mí.
Mi escudo me protegió
y no se rompió en pedazos,
al igual que mi espada no reventaba en palillos,
porque mi espada y mi escudo resplandecían
por la luminosidad que mora
en la fuente de mi alma,
cuya luz reverbera hasta el infinito de toda paz y esperanza,
clamando día y noche con lágrimas
y llanto aferrado a una sola verdad:
morir para vivir,
resucitar para renacer
en un hombre mejor.

Vencí al monstruo que era reflejo de mis pesares.

La dama estallo en alegrías robustas
cuando abrí su celda de oro.
Me entregaba el placer de su carne,
el gozo de sus labios envinados.

Y yo….me perdí en el horizonte
contemplando un lucero encantador.

Fui tras el brillo imperecedero,
en la esencia de mi alma inquieta,
abandonando mi cuerpo a merced del dragón,
quien se sacudió la muerte de sus entrañas,
y revivió más fuerte,
tragándose mi cuerpo y quizás también a la dama,
quien por cierto era una princesa.

Y yo nunca voltee hacia atrás,
ni siquiera para ver sus huesos ni los míos,
atorados entre sus gigantes colmillos afilados.

Porque me vestí de altura espiritual,
incrementándose mí vuelo hacia las estrellas,
donde la luz fluye,
y pensé:
“quien necesita un cuerpo
cuando tengo una alma liviana con la cual volar,
por mi mundo personal,
por mi universo particular,
sembrado torres de luciérnagas,
vigías de mi cosecha de sueños
cual poemario de una mente bizarra”



Vaya lugarcitos donde andas, Dani jejeje buscando princesas de cabello cano ehhh y con un dragón detrás uuufffr mejor corre y no esperes a sentir el cuerpo jajaja. Sencillamente me encantó. Es un viaje a lo desconocido tu hermosa poesía y la disfruto mucho.
Ahora me pregunto! Porqué no le lanzaste un coco? jajajajaja. Un abrazote extramegagigante lleno de cariño para ti con aroma a sandía.
 

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