De las benditas calideces, de los cafés…
y de las benditas ubres, que cuelgan de los cielos…
del tiempo lento, por la gotera del piano del mar;
de las caravanas que llegaban, cantando, por la ladera negra…
y, nosotros, a la sombra de los olivos,
con nuestra brasita de los sueños,
con el tabaco Virginia;
cuando me dijiste:
Oh!, que linda la mañana…
oh!, como me queman, esos caballos!
y de las benditas ubres, que cuelgan de los cielos…
del tiempo lento, por la gotera del piano del mar;
de las caravanas que llegaban, cantando, por la ladera negra…
y, nosotros, a la sombra de los olivos,
con nuestra brasita de los sueños,
con el tabaco Virginia;
cuando me dijiste:
Oh!, que linda la mañana…
oh!, como me queman, esos caballos!